La celebración también contrasta con las expectativas que el propio Milei había instalado meses atrás. El Presidente había asegurado que desde agosto la inflación comenzaría con cero. Cuando llegó ese mes, sin embargo, el IPC fue del 1,7% y no cumplió con esa previsión.
En paralelo, el mandatario celebró el dato de inflación mayorista de julio, que fue del 0,8%, como una señal de que su pronóstico se estaba cumpliendo. Pero ambos indicadores miden cosas distintas: el índice mayorista registra los precios a los que los productores e importadores venden sus productos, mientras que el IPC mide la variación de los precios de bienes y servicios que consumen los hogares.
La diferencia no es menor. El 0,8% mayorista no significaba que la inflación que pagan las familias hubiera empezado con cero. De hecho, el IPC de agosto fue del 1,7% y el de septiembre volvió a subir al 1,9%. La promesa presidencial terminó chocando con los datos del indicador que mide directamente el costo de vida.
Los precios volvieron a acelerarse
El informe del INDEC también mostró aumentos por encima del promedio en rubros sensibles para los hogares. Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles subió un 3,1%; Educación, un 3%; Comunicación, un 2,5%; y Salud, un 2,4%. Alimentos y bebidas no alcohólicas registró un incremento del 2%.
Así, el festejo de Milei se apoya en una lectura selectiva de la evolución de los precios: la inflación está muy por debajo de los niveles registrados al comienzo de su gestión, pero eso no elimina el repunte de septiembre ni convierte una suba del 1,9% en una baja mensual.
La desinflación puede tener avances y retrocesos, pero el dato concreto es que en septiembre la inflación subió respecto de agosto. En lugar de reconocer ese retroceso en la trayectoria mensual, el Presidente volvió a recurrir a una consigna triunfalista para presentar el resultado como una victoria de su programa económico.