El anuncio de Trump, sin embargo, no implica que Estados Unidos se quede con Groenlandia.
La isla continúa siendo un territorio autónomo dentro del Reino de Dinamarca y tanto Copenhague como Nuuk remarcaron que el acuerdo reconoce la soberanía y la integridad territorial danesas, además del derecho de los groenlandeses a la autodeterminación.
De hecho, el pacto está lejos de la pretensión que Trump había planteado durante meses: adquirir Groenlandia y, en determinados momentos, no descartar incluso el uso de la fuerza para conseguirlo. Reuters señaló que el nuevo acuerdo queda por debajo de ese objetivo y que su alcance concreto todavía no está completamente definido.
La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, afirmó que el entendimiento fortalece la seguridad en el Ártico y el Atlántico Norte, mientras que el primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, sostuvo que el pacto refuerza la seguridad de Groenlandia, Dinamarca, Estados Unidos y la alianza occidental.
Una isla clave para Estados Unidos
Groenlandia tiene unos 56.000 habitantes y ocupa una posición estratégica entre América del Norte, Europa y el Ártico. La importancia militar de la isla no es nueva: Estados Unidos mantiene allí desde la Guerra Fría una instalación militar, actualmente conocida como Pituffik Space Base, utilizada para tareas de alerta de misiles, defensa antimisiles y vigilancia espacial.
Además de su ubicación, el interés de las grandes potencias está relacionado con los recursos minerales de la isla y con la apertura de nuevas rutas marítimas a medida que avanza el deshielo del Ártico. Esa combinación convirtió a Groenlandia en un punto de creciente competencia estratégica entre Estados Unidos, Rusia y China.
El interés de Trump tampoco comenzó ahora. En 2019, durante su primer mandato, ya había planteado la posibilidad de comprar Groenlandia, una propuesta que fue rechazada por las autoridades danesas. Durante su actual mandato, el tema escaló hasta incluir amenazas de presión económica y la posibilidad de una intervención.
Ahora, el escenario es diferente: Trump no consiguió la anexión ni la compra de Groenlandia, pero sí anunció un acuerdo que le permite avanzar en una presencia militar estadounidense mucho mayor en el territorio.
El pacto todavía debe formalizarse y sus detalles serán determinantes para saber hasta dónde llega realmente ese nuevo margen de acción de Washington en el Ártico.