Cerca de las 22.30, las luces finalmente se apagaron. La introducción instrumental de “La nube, el globo y el río” dio paso a “Paria”, desatando la primera gran ovación de la noche. Desde ese instante, el público respondió con un coro permanente y los primeros pogos frente al escenario.
El comienzo continuó con “Soldadito de plomo” y “Tal vez mañana”, todos temas de su etapa solista. Tras esa primera seguidilla, Skay tomó el micrófono por primera vez para dirigirse al público platense: “Al fin, por fin, de vuelta en la ciudad”, dijo, provocando otra explosión de aplausos.
El momento más emotivo de la noche llegó pocos minutos después. Antes de sumergirse en el repertorio de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, Skay recordó a su histórico compañero con una frase breve pero contundente: “En homenaje y honor al querido amigo Indio, que en paz descanse”.
La reacción fue inmediata. El Hipódromo estalló en una ovación que se prolongó durante varios segundos y dio paso a un clima de profunda emoción. Entonces comenzaron a sonar “Todo un palo” y “Criminal Mambo”, dos clásicos de Los Redondos que fueron cantados de principio a fin por miles de personas, en uno de los pasajes más intensos del recital hasta ese momento.
Después de ese tramo de fuerte carga emotiva, Skay retomó el recorrido por su etapa solista con “Ya lo sabés”, “Síndrome del trapecista” y “Cicatrices”, manteniendo la intensidad de un público que no dejó de cantar durante toda la noche.
El punto más alto del recital llegó con “Ji Ji Ji”. Apenas sonaron los primeros acordes, el Hipódromo volvió a vivir una de las postales más características del universo ricotero: miles de personas saltando al unísono en un pogo multitudinario que convirtió al predio, por unos minutos, en una verdadera celebración colectiva.
La recta final mantuvo el mismo clima con “El Golem de Paternal”, “Yo soy la máquina” y “Flores secas”, antes de un nuevo regreso al repertorio de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota con “El pibe de los astilleros” y “Nuestro amo juega al esclavo”, dos clásicos que desataron otra ovación y fueron coreados de principio a fin.
Ya sobre el cierre, Skay interpretó “Oda a la sin nombre”, uno de los temas más emblemáticos de su carrera solista, y se despidió de La Plata con “El sueño del jinete” y “Gengis Khan”, poniendo fin a un regreso tan esperado como emotivo. Trece años después de su última presentación en la ciudad, el guitarrista volvió al lugar donde comenzó la historia ricotera y encontró una respuesta multitudinaria de un público que transformó la noche en un homenaje a su trayectoria y a un legado que sigue intacto.