Cultura

Skay Beilinson volvió a La Plata después de 12 años: “En homenaje para el querido amigo Indio”

La espera terminó. Trece años después de su última presentación en la ciudad, Skay Beilinson regresó este sábado a La Plata con Los Fakires y protagonizó una noche cargada de simbolismo en el Hipódromo, donde más de 6.000 personas celebraron el reencuentro con uno de los músicos más influyentes del rock argentino. El recital, además, llegó pocas semanas después de la muerte de Carlos “Indio” Solari, su histórico compañero en Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, y tuvo un momento de profunda emoción cuando el guitarrista le rindió homenaje sobre el escenario.

La expectativa por el regreso fue tan grande que la producción debió modificar la sede original del espectáculo. Inicialmente previsto para el Estadio Atenas, el recital fue trasladado al Hipódromo de La Plata para responder a la alta demanda de entradas y garantizar una mayor capacidad, una decisión que terminó reflejándose en un predio colmado.

Desde varias horas antes del inicio del espectáculo, las inmediaciones del Hipódromo comenzaron a poblarse de fanáticos llegados desde distintos puntos de la provincia y del país. La espera se transformó en un ritual: sobre las veredas, en los accesos e incluso junto a las vías del ferrocarril, grupos de distintas generaciones compartían la previa con bebidas en mano, canciones y la ansiedad por volver a ver a Skay en la ciudad donde nació la historia ricotera.

Las referencias a ese universo aparecían por todos lados. Abundaban las remeras con la imagen del Indio Solari y, entre la multitud, circulaban cientos de papelitos con una leyenda que resumía el espíritu de la noche: “Poli y Skay, bienvenidos a donde todo comenzó”. Muchos de ellos terminaron esparcidos sobre el piso del predio, como parte de una bienvenida cargada de significado.

Ya dentro del Hipódromo, mientras el escenario permanecía a oscuras, la espera se rompió con un canto que rápidamente se propagó por todo el predio: “El que no salta es un inglés”.

Cerca de las 22.30, las luces finalmente se apagaron. La introducción instrumental de “La nube, el globo y el río” dio paso a “Paria”, desatando la primera gran ovación de la noche. Desde ese instante, el público respondió con un coro permanente y los primeros pogos frente al escenario.

El comienzo continuó con “Soldadito de plomo” y “Tal vez mañana”, todos temas de su etapa solista. Tras esa primera seguidilla, Skay tomó el micrófono por primera vez para dirigirse al público platense: “Al fin, por fin, de vuelta en la ciudad”, dijo, provocando otra explosión de aplausos.

El momento más emotivo de la noche llegó pocos minutos después. Antes de sumergirse en el repertorio de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, Skay recordó a su histórico compañero con una frase breve pero contundente: “En homenaje y honor al querido amigo Indio, que en paz descanse”.

La reacción fue inmediata. El Hipódromo estalló en una ovación que se prolongó durante varios segundos y dio paso a un clima de profunda emoción. Entonces comenzaron a sonar “Todo un palo” y “Criminal Mambo”, dos clásicos de Los Redondos que fueron cantados de principio a fin por miles de personas, en uno de los pasajes más intensos del recital hasta ese momento.

Después de ese tramo de fuerte carga emotiva, Skay retomó el recorrido por su etapa solista con “Ya lo sabés”, “Síndrome del trapecista” y “Cicatrices”, manteniendo la intensidad de un público que no dejó de cantar durante toda la noche.

El punto más alto del recital llegó con “Ji Ji Ji”. Apenas sonaron los primeros acordes, el Hipódromo volvió a vivir una de las postales más características del universo ricotero: miles de personas saltando al unísono en un pogo multitudinario que convirtió al predio, por unos minutos, en una verdadera celebración colectiva.

La recta final mantuvo el mismo clima con “El Golem de Paternal”, “Yo soy la máquina” y “Flores secas”, antes de un nuevo regreso al repertorio de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota con “El pibe de los astilleros” y “Nuestro amo juega al esclavo”, dos clásicos que desataron otra ovación y fueron coreados de principio a fin.

Ya sobre el cierre, Skay interpretó “Oda a la sin nombre”, uno de los temas más emblemáticos de su carrera solista, y se despidió de La Plata con “El sueño del jinete” y “Gengis Khan”, poniendo fin a un regreso tan esperado como emotivo. Trece años después de su última presentación en la ciudad, el guitarrista volvió al lugar donde comenzó la historia ricotera y encontró una respuesta multitudinaria de un público que transformó la noche en un homenaje a su trayectoria y a un legado que sigue intacto.

Redacción Somos Citrica

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