La pérdida de empleo formal suma otra señal de deterioro durante el gobierno de Javier Milei. Entre enero y septiembre de 2026, 145.004 trabajadores registrados despedidos sin causa comenzaron a cobrar el seguro por desempleo, un 29,4% más que en el mismo período de 2025, cuando se habían registrado 112.056 altas. Los datos de la Seguridad Social, publicados por Clarín, muestran que cada vez más personas que tenían un empleo registrado necesitan recurrir a una prestación estatal después de quedarse sin trabajo.
El aumento no se concentra en una sola actividad. La industria encabezó las altas al seguro, con 35.922 trabajadores; le siguió el comercio, con 32.928, y luego la construcción, con 21.663. En conjunto, esos tres sectores acumularon 90.513 nuevas prestaciones, más de seis de cada diez altas del período. Son actividades con un peso importante en el empleo formal y que vienen atravesando dificultades en un contexto de caída del consumo, menor dinamismo productivo y problemas para sostener puestos de trabajo.
El número también permite dimensionar la evolución de la crisis laboral durante la actual gestión. Desde diciembre de 2023 hasta septiembre de 2026, 473.186 personas accedieron al seguro por desempleo, según el relevamiento. La cifra no equivale al total de despidos ni a la cantidad de personas desocupadas del país: incluye a trabajadores asalariados registrados que perdieron su empleo sin causa y cumplen los requisitos para recibir la prestación. Quedan afuera quienes trabajaban en la informalidad y quienes no reúnen las condiciones necesarias para acceder al beneficio. Aun con ese alcance limitado, el salto interanual funciona como una señal concreta de lo que sucede con el empleo registrado.
Más personas cobran, pero el seguro pierde contra la inflación
El deterioro aparece también en el monto que reciben quienes perdieron su trabajo. En septiembre de 2026, 127.613 personas cobraron la prestación por desempleo, un 27,2% más que en septiembre de 2025, cuando los beneficiarios habían sido 100.344. Se trata de la cifra mensual más alta de la serie publicada desde enero de 2024, de acuerdo con los datos de la Seguridad Social.
Sin embargo, la ayuda no acompaña la evolución de los precios. El pago promedio de septiembre fue de $325.368, frente a los $274.324 de un año antes: una suba nominal del 18,6%. En el mismo período, la inflación interanual alcanzó el 33,4%. En términos reales, la prestación perdió alrededor de un 11% de su poder adquisitivo. Es decir, no solo aumentó la cantidad de personas que necesitan el seguro, sino que el dinero que reciben alcanza para comprar menos que un año atrás.
La diferencia entre las altas acumuladas y la cantidad de beneficiarios de un mes responde a que el seguro es temporal. Algunas personas dejan de cobrarlo porque consiguen trabajo y otras terminan el período durante el cual tienen derecho a la prestación. Por eso, las 145.004 altas entre enero y septiembre no deben confundirse con las 127.613 personas que lo percibieron en septiembre.
Un indicador más de la presión sobre el mercado laboral
El seguro por desempleo no mide por sí solo toda la situación laboral argentina, pero aporta una perspectiva distinta de la tasa de desocupación: registra a trabajadores que tenían aportes y perdieron un empleo formal, en lugar de basarse en una encuesta sobre la situación de la población económicamente activa. Su aumento, junto con la concentración de nuevas prestaciones en industria, comercio y construcción, muestra que la pérdida de puestos registrados sigue golpeando a sectores clave.
Además, la caída del poder adquisitivo de la prestación agrava la situación de quienes ya perdieron su ingreso habitual. Para muchas familias, el desempleo no implica únicamente dejar de cobrar un sueldo: también significa enfrentar alquileres, alimentos, servicios y deudas con una ayuda que queda por debajo de la inflación.
El dato central es doble: crece la cantidad de trabajadores formales que necesita el seguro tras perder su empleo y, al mismo tiempo, la prestación pierde poder de compra. En un mercado laboral golpeado, la recuperación no depende solo de que baje la desocupación, sino también de que vuelvan a crearse puestos registrados y con ingresos suficientes para sostener a los hogares.