La inversión volvió a caer en la Argentina y suma nuevas señales de alarma para el programa económico de Javier Milei. En septiembre retrocedió 5,2% respecto de agosto y 12,3% interanual, mientras que entre enero y septiembre acumuló una contracción del 7,6%, según el índice de Inversión Bruta Interna Mensual (IBIM) elaborado por Orlando Ferreres y Asociados. Los números muestran que los anuncios de grandes proyectos no se traducen automáticamente en desembolsos concretos para la economía.
De acuerdo con el informe publicado por la Agencia Noticias Argentinas, la inversión alcanzó en septiembre unos US$ 8.540 millones. La cifra contrasta con los anuncios de miles de millones de dólares que el Gobierno promociona, en particular a través del Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI). La diferencia es central: los montos anunciados suelen corresponder a proyectos de varios años y no indican cuánto dinero se invierte efectivamente en el corto plazo.
El retroceso pone presión sobre uno de los pilares del relato libertario. Milei sostiene que la desregulación, los beneficios fiscales y la apertura económica atraerán capital privado para impulsar el crecimiento. Sin embargo, los datos de septiembre muestran que la inversión continúa debilitada y que la llegada de capitales no alcanza, por ahora, para revertir la tendencia negativa.
Menos maquinaria y equipos para producir
La caída se sintió especialmente en los bienes de capital. En septiembre, las inversiones en equipos nacionales retrocedieron un 3,8% interanual, mientras que los equipos importados se desplomaron un 17,2%. En el acumulado de los primeros nueve meses, el conjunto de maquinaria y equipos cayó un 11,5%.
La construcción mostró un comportamiento diferente: registró una mejora interanual del 4,5% en septiembre, después de cinco meses consecutivos de resultados negativos. Aun así, el sector acumula una caída del 2,6% en lo que va del año, por lo que el repunte mensual no alcanza para compensar el retroceso previo.
El informe advierte que la inversión sigue mostrando debilidad y que, por el momento, no aparecen señales claras de una recuperación en los últimos meses del año. La falta de dinamismo resulta especialmente relevante porque ampliar fábricas, comprar maquinaria y construir infraestructura son decisiones que pueden aumentar la capacidad productiva y generar empleo.
Los anuncios del RIGI no alcanzan
El Gobierno suele presentar los proyectos de inversión anunciados como una señal de confianza en su modelo económico. Pero existe una diferencia entre comprometer capital para una iniciativa de largo plazo y ejecutar efectivamente ese gasto. Los proyectos pueden desplegarse por etapas y una parte de los desembolsos puede tardar años en concretarse.
Además, el deterioro de la inversión ocurre en un escenario en el que el crédito continúa sin mostrar la recuperación necesaria para impulsar una expansión más amplia de la actividad. Sin financiamiento accesible y con una demanda interna debilitada, las empresas tienen menos incentivos para ampliar su capacidad productiva si no encuentran perspectivas claras de ventas.
El estudio de Ferreres señala que una mejora de las condiciones macroeconómicas, una eventual recuperación de la actividad y el desarrollo de la minería y la energía podrían contribuir a revertir el escenario. Pero también advierte que no hay indicios claros de una reacción inmediata de la inversión.
Los números dejan así una contradicción para el Gobierno: mientras los anuncios de grandes proyectos ocupan el centro de la comunicación oficial, la inversión efectiva sigue retrocediendo. Sin una recuperación sostenida del capital destinado a producir, la promesa de crecimiento queda atada a proyectos que todavía deben traducirse en obras, equipos, actividad y puestos de trabajo.