El FMI le pide crecimiento a Milei mientras la economía se hunde en una recesión virtual
El Fondo Monetario Internacional (FMI) volvió a marcarle una tarea pendiente al Gobierno de Javier Milei: convertir la estabilidad macroeconómica en crecimiento real, empleo y una mejora que llegue a todos los sectores. La advertencia llega mientras la economía argentina acumula señales de enfriamiento, la inversión se desploma y las estimaciones privadas apuntan a una posible recesión técnica. Pese al discurso oficial sobre la recuperación, el propio organismo reconoce que los beneficios del programa libertario siguen concentrados en pocas actividades.
La directora de Comunicaciones del Fondo, Julie Kozack, señaló que existe un entendimiento común entre el organismo y las autoridades argentinas sobre la necesidad de consolidar la estabilización y transformarla en una expansión más amplia. El problema es que, hasta ahora, el crecimiento se concentra principalmente en el agro, la energía y la minería, sin trasladarse de manera suficiente al resto de la estructura productiva ni al conjunto de los trabajadores.
El planteo expone una de las principales contradicciones del modelo de Milei: mientras el Gobierno reivindica el superávit fiscal y la desaceleración de la inflación como prueba de éxito, la actividad económica enfrenta dificultades para sostenerse y generar puestos de trabajo. Ordenar las cuentas públicas no alcanza si la economía no produce más, las empresas no invierten y los ingresos de la población siguen bajo presión.
La inversión se desploma y el crecimiento no llega
Los datos recientes refuerzan las advertencias. Según el índice de Inversión Bruta Interna Mensual de Orlando Ferreres y Asociados, la inversión cayó 5,2% mensual en septiembre y 12,3% interanual. En los primeros nueve meses del año acumuló una contracción del 7,6%. El retroceso de la compra de maquinaria y equipos refleja las dificultades para transformar los anuncios de grandes proyectos en actividad concreta.
En ese escenario, las estimaciones privadas advierten que la economía podría encadenar dos trimestres consecutivos de caída, lo que configuraría una recesión técnica. La confirmación depende de los datos oficiales correspondientes al tercer trimestre, pero las señales de desaceleración ya encendieron las alarmas.
El Fondo también redujo su pronóstico de crecimiento para la Argentina en 2026 al 2,1%, desde el 3,5% que proyectaba anteriormente. El ajuste refleja una actividad más débil de la prevista y una demanda interna moderada, en un contexto de condiciones financieras restrictivas. La cifra representa un recorte importante de las expectativas que el propio organismo sostenía meses atrás.
El Fondo respalda el rumbo, pero reclama resultados
El FMI mantiene su respaldo general al programa económico y destaca los avances en materia de inflación, disciplina fiscal y posición externa. Sin embargo, sus últimas declaraciones dejan claro que esos indicadores no resuelven por sí solos los problemas de la economía cotidiana.
Kozack sostuvo que hacen falta más inversiones, acceso al financiamiento y medidas capaces de impulsar la demanda interna y la creación de empleo. Entre las iniciativas mencionadas aparecen el desarrollo de los mercados de capitales e hipotecarios, una mayor flexibilidad del mercado laboral, las concesiones de infraestructura y la ejecución de proyectos estratégicos bajo el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).
El organismo también reconoce que los beneficios del crecimiento deben distribuirse entre más sectores y trabajadores. Es una advertencia relevante para una gestión que presenta la estabilización como el paso previo a una recuperación que todavía no se consolida en buena parte de la economía.
La promesa de recuperación, bajo presión
La apuesta oficial es que las inversiones en energía y minería, junto con las exportaciones y las reformas estructurales, impulsen una nueva etapa de expansión. Pero esos proyectos requieren tiempo y no compensan automáticamente la debilidad de la industria, el comercio y el consumo interno.
La dificultad es que la recuperación prometida depende de que el crecimiento deje de ser una expectativa y se convierta en más producción, mejores salarios y empleo. Mientras tanto, la caída de la inversión y el deterioro de las perspectivas muestran que la estabilización no garantiza por sí misma una salida rápida de la recesión.
El FMI pide que el crecimiento llegue a la economía real; el desafío para Milei es explicar cuándo y cómo ocurrirá. Por ahora, los números reflejan una distancia entre el éxito macroeconómico que proclama el Gobierno y una recuperación que todavía no alcanza a amplios sectores de la sociedad.




