Los estudiantes secundarios de la Ciudad de Buenos Aires pasan, en promedio, 6 horas y 10 minutos por día frente a la pantalla del celular. El dato surge de un nuevo estudio realizado por el Ministerio de Educación porteño junto con el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA), que además detectó señales de alerta vinculadas con la salud mental en cuatro de cada diez adolescentes.
La cifra representa aproximadamente una cuarta parte de cada jornada y equivale a unos 92 días al año frente al teléfono. El uso aumenta a medida que avanzan los estudiantes en la secundaria: los alumnos de cuarto año registran un promedio de 6 horas y 35 minutos diarios, mientras que los de primero llegan a 5 horas y 44 minutos.
El relevamiento fue realizado entre abril y julio de 2026 sobre 3.261 estudiantes de escuelas públicas y privadas de la Ciudad. A diferencia de otros estudios basados únicamente en declaraciones de los adolescentes, en este caso el tiempo de pantalla fue medido directamente mediante las herramientas de monitoreo instaladas en los propios celulares.
Entre las aplicaciones, TikTok aparece como la plataforma que más utilizan los estudiantes. Quienes la señalaron como la aplicación que más usan registraron un promedio de 6 horas y 34 minutos diarios de exposición a las pantallas. También se encontraron diferencias según el nivel socioeconómico: los estudiantes del quintil más bajo pasan alrededor de una hora y media más por día con el celular que aquellos del quintil más alto.
Las diferencias también aparecen según el género. Las mujeres utilizan el teléfono unos 30 minutos más por día que los varones y presentan valores superiores en los cuatro indicadores analizados. Las brechas más importantes se registraron en ansiedad y depresión.
El estudio evaluó cuatro indicadores: uso problemático del smartphone, ansiedad, depresión y somnolencia diurna. El 24,9% de los estudiantes presentó señales de uso problemático del teléfono; el 31,2% mostró indicadores de ansiedad; el 37,2%, señales de somnolencia diurna; y el 38,1%, indicadores vinculados con depresión. En conjunto, cuatro de cada diez adolescentes presentaron al menos una señal de alerta.
Los investigadores remarcaron que estos resultados no constituyen diagnósticos médicos. Se trata de indicadores de alerta que pueden servir para detectar situaciones que requieren atención y para diseñar políticas de acompañamiento. El informe también encontró que quienes presentan señales de riesgo pasan más tiempo frente a las pantallas que aquellos que no muestran esos indicadores.
Uno de los puntos centrales del trabajo es que no necesariamente es la cantidad total de horas frente al teléfono lo que explica por sí sola los problemas detectados. El informe señala que el vínculo problemático con el dispositivo —la dificultad para desconectarse, la dependencia psicológica, el uso para regular las emociones o los conflictos derivados de su utilización— aparece como un factor especialmente asociado con peores indicadores de bienestar.
La situación se da además en un contexto en el que las escuelas porteñas avanzaron con restricciones cada vez mayores al uso de celulares. El Gobierno de la Ciudad sostiene actualmente la prohibición durante las clases y, según datos oficiales citados en el relevamiento, siete de cada diez docentes observaron una mejora en la atención de los alumnos después de las primeras restricciones implementadas en 2024.
La ministra de Educación porteña, Mercedes Miguel, sostuvo que “el uso abusivo de los celulares está hackeando la atención de los estudiantes” y planteó que el problema excede lo que ocurre dentro de las aulas. Desde la cartera educativa también señalaron que muchas familias reconocen tener dificultades para establecer límites y propusieron reforzar actividades vinculadas con el deporte, el arte y el contacto con la naturaleza como alternativas al tiempo frente a las pantallas.
El diagnóstico deja así una cifra difícil de ignorar: para los adolescentes porteños, el celular ocupa en promedio más de seis horas de cada día y una parte significativa de ese vínculo ya aparece relacionada con señales de ansiedad, depresión, somnolencia o uso problemático.