La historia de Sol Abraham tuvo además un capítulo particular: ya había participado de Gran Hermano en 2011. En aquella edición llegó hasta el quinto lugar después de permanecer 126 días dentro de la casa.
Quince años después, decidió regresar para tener una nueva oportunidad en el reality y terminó llegando nuevamente a las instancias decisivas. Durante esta edición protagonizó distintos conflictos y enfrentamientos, y pasó por cinco mano a mano en galas de eliminación, una cifra que la convirtió en la participante que más veces atravesó esa situación durante la temporada.
En la última gala de eliminación, Sol logró superar a Charlotte Caniggia y aseguró su lugar en la final junto a Yipio.
La definición entre Sol y Yipio fue particularmente pareja. La uruguaya obtuvo el 48,2% de los votos, apenas 3,6 puntos porcentuales por debajo de la campeona.
Yipio había llegado a la final después de superar dos mano a mano durante las galas de eliminación y de sostener durante meses distintos enfrentamientos dentro de la casa. Su principal rivalidad fue justamente con Sol, con quien protagonizó numerosos cruces desde las primeras semanas de convivencia.
La competencia entre ambas terminó convirtiéndose en uno de los ejes de la última etapa de Generación Dorada y tuvo su capítulo final en una definición que reunió más de 30 millones de votos.
Además del título, Sol se quedó con el premio principal de esta edición: 70 millones de pesos, una casa prefabricada y un reintegro de gastos mediante una tarjeta virtual. La subcampeona recibió 20 millones de pesos y una casa, mientras que el tercer puesto obtuvo 10 millones.
Con la consagración de Sol Abraham terminó una temporada de más de seis meses y 43 participantes que pasaron por la casa. La edición Generación Dorada cerró así con una final exclusivamente femenina y con una campeona que ya conocía el reality desde adentro y que, 15 años después de su primera experiencia, consiguió quedarse con el título.