El deterioro de los ingresos tiene una consecuencia directa en los barrios populares: el 42,3% de las personas relevadas aseguró que tuvo que pasar un día entero sin comer por falta de dinero. El dato surge de un informe del Instituto Periferias realizado en 15 provincias sobre más de 5.000 casos.
El relevamiento muestra que la falta de ingresos no solo obliga a reducir gastos, sino que también afecta directamente el acceso a los alimentos. El 75,4% de los encuestados afirmó que el dinero de su hogar no alcanza para cubrir los gastos mínimos, mientras que el 53,8% señaló que en algún momento su familia se quedó sin comida.
Además, el 67,8% aseguró que tuvo que comer menos de lo que consideraba necesario por falta de dinero y el 57,3% dijo haber sentido hambre sin poder alimentarse porque no tenía recursos suficientes.
Otro dato da cuenta de la dimensión de la incertidumbre: el 83,7% manifestó preocupación ante la posibilidad de no contar con alimentos suficientes por falta de ingresos.
Daniel Menéndez, sociólogo y director del Instituto Periferias, sostuvo que pasar un día entero sin comer “es una de las expresiones más graves de inseguridad alimentaria”. También señaló que antes de que la comida efectivamente falte aparece “la incertidumbre sobre si van a poder garantizarla”.
La pobreza también muestra un retroceso
Los datos del informe aparecen pocos días antes de que el INDEC publique las cifras oficiales de pobreza correspondientes al primer semestre de 2026.
Mientras tanto, el último Nowcast de Pobreza de la Universidad Torcuato Di Tella estimó que la pobreza alcanzó al 31,3% de las personas en el promedio del semestre marzo-agosto, por encima del 30,2% registrado durante el mismo período de 2025.
El informe sobre los barrios populares muestra así una de las caras más extremas de ese deterioro: hogares en los que los ingresos ya no alcanzan solamente para sostener el nivel de consumo, sino que directamente no permiten garantizar una comida todos los días.
Para los sectores relevados, la falta de dinero aparece como el principal límite para acceder a los alimentos y cubrir las necesidades básicas.