Crisis y vaciamiento de la ciencia: renunció un subsecretario tras 37 días y denunció destrato dentro del Gobierno
La crisis en el sistema científico y tecnológico sumó un nuevo capítulo con la renuncia de César Óscar Lencina, quien dejó la Subsecretaría de Ciencia y Tecnología apenas 37 días después de asumir. En su carta de dimisión, el funcionario denunció “dificultades persistentes” para ejercer sus tareas, falta de respaldo institucional y situaciones de “destrato y desconsideración” hacia el personal. Su salida, dirigida a la secretaria del área, Adriana Baravalle, y con copia al jefe de Gabinete, Diego Santilli, vuelve a exponer el deterioro de una estructura estratégica para el desarrollo del país.
Lencina había asumido el 22 de septiembre, en reemplazo de José Luis Acevedo. En su nota sostuvo que la falta de comunicación y de acompañamiento institucional le impedía llevar adelante la gestión y cuestionó las condiciones de trabajo dentro de la dependencia. También afirmó que las conductas que observó no coincidían con su forma de conducir equipos. La renuncia se suma a una sucesión de cambios en la conducción del área: Darío Genua dejó la Secretaría en julio, Acevedo fue reemplazado en septiembre y ahora la Subsecretaría vuelve a quedar vacante. Por el momento, no se conoció una respuesta oficial a las denuncias del exfuncionario.
Pero el problema excede largamente los conflictos internos y los cambios de nombres. La ciencia argentina atraviesa un proceso de desfinanciamiento que compromete su funcionamiento y su capacidad de investigación. Un informe del Centro Iberoamericano de Investigación en Ciencia, Tecnología e Innovación (CIICTI), elaborado junto al Grupo EPC con datos presupuestarios acumulados a septiembre de 2026, proyecta una caída real del 4,4% de la inversión pública en ciencia y técnica durante este año. Ese retroceso se suma a los derrumbes del 29,7% en 2024 y del 14,9% en 2025: en conjunto, la inversión acumularía una pérdida del 42,8% respecto de 2023.
El ajuste golpea de manera especialmente fuerte a los organismos que sostienen la investigación y el desarrollo tecnológico. Según el mismo relevamiento, entre 2023 y 2026 la Agencia I+D+i perdería el 88,7% de su presupuesto real y la Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología, el 86,5%. También se proyectan recortes del 53,6% para el INTI, del 40% para la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), del 35,2% para el INTA y del 34,6% para el CONICET. La inversión nacional en el sector representaría apenas el 0,164% del PBI, el nivel más bajo de la serie histórica iniciada en 1972 y muy lejos del 0,520% que establecía la Ley de Financiamiento del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación para 2026, hoy suspendida.
El vaciamiento también se refleja en los puestos de trabajo. Un informe del Grupo EPC sobre empleo y recursos humanos del sistema científico registró una pérdida de alrededor de 6.400 puestos entre diciembre de 2023 y junio de 2026, incluyendo organismos de la Administración Pública Nacional, empresas estatales y docentes universitarios con dedicación exclusiva. El CONICET perdió personal, investigadores y becarios; también se redujeron las plantas del INTA, el INTI y otros organismos estratégicos. La caída de los salarios profundiza el deterioro: los sueldos y las becas del CONICET acumulan una pérdida real del 40,3% desde noviembre de 2023.
A la reducción de recursos y trabajadores se suma la falta de financiamiento para investigar. El informe advierte que las transferencias presupuestarias destinadas al sector caerían un 88,5% en términos reales entre 2023 y 2026 y que los fondos para bienes de consumo se reducirían un 58%. En la Agencia I+D+i, que durante años financió proyectos de investigación, la paralización de convocatorias dejó a numerosos equipos sin recursos para comprar insumos, sostener sus trabajos o participar de encuentros científicos. El deterioro no se limita a los números: implica laboratorios con menos capacidad operativa, investigaciones interrumpidas y jóvenes investigadores que encuentran cada vez menos posibilidades de desarrollar su carrera en el país.
La renuncia de Lencina expone así una crisis que combina inestabilidad en la conducción, conflictos internos, pérdida de trabajadores y un ajuste presupuestario profundo. Mientras el Gobierno sostiene su política de reducción del gasto, el sistema científico pierde recursos y capacidades que llevaron décadas construir. El resultado es un país que debilita sus organismos de investigación, expulsa personal calificado y pone en riesgo proyectos estratégicos para su desarrollo tecnológico, productivo y soberano.




