Cultura

Cinco documentales argentinos para ver en el Día del Trabajador

A continuación, un recorrido por cinco documentales sobre el mundo del trabajo que pueden verse de manera gratuita en las plataformas de streaming Cine.ar Play, Cinemargentino y Octubre TV.

Los pibes (Cine.ar)

Como bien señaló Diego Brodersen en su crítica, la anteúltima película de Jorge Colás es “un relato con olor a transpiración, a pasto recién cortado y a vestuario” en el que no es necesario “ser futbolero para apreciar sus virtudes”. El director de Parador Retiro y La visita viaja hasta el corazón de Boca Juniors no para mostrar lo obvio (el color, los hinchas, el juego) sino para detenerse en la desconocida pero complejísima, y muchas veces salvaje, cadena de procesos previos a la elección y contratación de solo 30 o 40 de los cuatro mil jugadores que anualmente se presentan para las divisiones inferiores. Jugadores que son también chicos, una condición olvidada en la crueldad intrínseca del filtrado. “Me interesó el juego de tensiones entre los captadores; la ilusión y el descubrimiento de un mundo nuevo de los jugadores, y la mirada incisiva y atenta de los padres”, contó Colas.

Hacerme feriante (Cinemargentino):

Ubicada en un predio del tamaño del barrio de Once a la vera del Riachuelo, fuente de trabajo de seis mil personas y terreno de circulación de más de nueve millones de dólares semanales, La Salada está catalogada como la feria de productos ilegales más grande de Latinoamérica. Pero es también un reflejo del derrotero de la Argentina, en tanto en esos terrenos funcionaron balnearios de agua salada, creados en 1955, que pavimentaron el camino que va de la pujanza del primer peronismo al olvido y el abandono, y de ahí al Edén del regateo y el comercio en negro. “Lo que era un espacio de recreación de segunda para los porteños, hoy es un lugar de consumo de segunda. Esa deriva siempre me interesó; del tiempo del ocio al tiempo del consumo”, analizó en esta entrevista Julián D’Angiolillo. Y nada mejor que un documental movido por un interés genuino. El director dedicó largo meses a camuflarse entre costureras, estacionamientos abarrotados y miles de stands para observar los engranajes de una maquinaria de lubricación perfecta, registrando, en palabras de Horacio Bernades, “un orden que consiste, daría toda la impresión, en un desorden controlado”.

Cuerpo de letra (Cine.ar)

Julián D’Angiolillo no se contentó con diseccionar La Salada, y cinco años después volvió a empuñar la cámara para indagar en algo que de tan visible, tan instalado hace décadas en los ojos metropolitanos, llama la atención que alguien no lo haya hecho antes. Durante las vísperas a las elecciones de 2013, este egresado de Artes Visuales del IUNA siguió –en el sentido más literal pero menos intrusivo del término– a los batallones que noche a noche inundan de pintadas políticas los murallones del conurbano y de las principales arterias de acceso a la Capital Federal. “Todo el tiempo pasamos por ahí y las vemos, pero uno se siente como anestesiado”, dijo en estas páginas. Ese mundo cargado de coordenadas reales es filtrado por mecanismos propios de la ficción. Es así que con el correr de los minutos el relato empieza a centrarse Ezequiel, un auténtico artesano de la disciplina del agua, la cal y los pinceles, además de integrante de una banda de cumbia y ocasional locutor de avisos de propaganda aérea. El resultado es un extraño y fascinante registro de –Juan Pablo Cinelli dixit– “la política en clave cubista”.

Las calles (Cine.ar)

Apenas 24 años tenía la cordobesa María Aparicio cuando ganó el premio a Mejor Dirección en la Competencia Latinoamericana del Bafici por su primer largometraje, un notable cruce de documental con ficción que reflexiona sobre una experiencia cívica sin precedentes, sucedida en la localidad chubutense de Puerto Pirámides entre 2004 y 2010: la elección de los nombres de 35 calles hasta ese momento anónimas. “Como gesto político me pareció trascendental, y sin embargo había sido todo muy silencioso”, recordó en esta entrevista. La iniciativa fue motorizada por la maestra de Historia Eugenia Eraso y sus alumnos, quienes entrevistaron a distintos personajes del lugar para armar una lista tentativa de candidatos y someterla al escrutinio de la comunidad. El trabajo de orfebrería de Eraso (recreada en la ficción por Eva Bianco) y la curiosidad insaciable de Aparicio configuran las bases de “un relato que logra transmitir las líneas invisibles que unen la vida cotidiana de los vecinos de la región: las de las viejas generaciones con aquellas más jóvenes”, como escribió Brodersen en su crítica.

Escuela trashumante (Cine.ar)

Un egresado en 70 años. Los registros de la escuela de la localidad neuquina de Huncal no mienten al documentar la escasa relación con una comunidad cuyo corazón palpita al rimo de los ciclos de pastoreos de las chivas y corderos, llevando a sus pobladores a adoptar un modelo de vida trashumante poco ajustable a los requisitos del calendario escolar. Pero si los chicos no van a la escuela, la escuela tendría que ir a ellos. Algo así pensaban los docentes Orlando “Nano” Balbo –el del libro Un maestro, de Guillermo Saccomanno–, Pedro Vanrell y Alejandra Martínez cuando, a mediados de los ’80, crearon un modelo educativo funcional a ese desplazamiento, que desdobla las clases en dos edificios y tiene un calendario lectivo adaptado. Si bien la idea del director Alejandro Vagnenkos, como contó acá, era filmar a Balbo, una vez allí pensó “que lo mejor era que él formara parte de una historia mayor, la de la escuela”. Con ese objetivo dedicó largas temporadas a registrar esta particular iniciativa, para una película con un núcleo que pone en tensión y debate el rol de la educación.

Redacción Somos Citrica

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