Durante la jornada, buena parte de las concentraciones transcurrió de manera pacífica. Sin embargo, al caer la noche se produjeron enfrentamientos y ataques en diferentes puntos del país. En Fráncfort, donde se concentró una de las mayores movilizaciones, grupos encapuchados rompieron las vidrieras de comercios de la calle Zeil, saquearon locales y atacaron a los servicios de emergencia con piedras, botellas y bombas molotov. También fue atacada una armería, donde la Policía incautó dos armas. Las autoridades informaron que 17 comercios sufrieron daños y cinco fueron saqueados.
La situación también escaló en otras ciudades. En Berlín, los incidentes dejaron 27 policías con heridas leves y cerca de 60 detenidos. En Hamburgo se levantaron barricadas en llamas y hubo ataques contra los agentes, mientras que alrededor de 120 personas fueron demoradas. En Colonia, la Policía dio por terminada una concentración después de que algunos participantes encapuchados lanzaran fuegos artificiales y posteriormente se registraran agresiones contra los servicios de emergencia.
En Fráncfort, el operativo policial desplegó unos 1.300 efectivos y terminó con 54 personas detenidas, de entre 13 y 29 años. Las autoridades informaron que más de un centenar de agentes resultaron heridos durante los enfrentamientos, uno de ellos de gravedad. La Policía utilizó cañones de agua, vehículos blindados y unidades especiales para intentar recuperar el control de las zonas afectadas.
Los organizadores de “Gen Z regelt” se despegaron de los episodios violentos y remarcaron que las concentraciones convocadas por el movimiento habían terminado antes de que comenzaran los disturbios. También defendieron el carácter pacífico de sus reclamos. Las autoridades, por su parte, sostuvieron que grupos radicalizados se infiltraron en las manifestaciones para provocar enfrentamientos y cometer delitos. El ministro del Interior, Alexander Dobrindt, responsabilizó a sectores de izquierda y a personas de origen migrante, y reclamó sanciones severas para los responsables.
Las protestas alemanas se inscriben en una ola de movilizaciones juveniles que atraviesa distintos países europeos, con demandas vinculadas al encarecimiento de la vivienda, el deterioro de los servicios públicos y la pérdida de perspectivas económicas. En la mayor economía de Europa, el malestar de los jóvenes también está atravesado por el estancamiento económico, la presión sobre el sistema educativo y el temor a que el regreso del servicio militar obligatorio termine trasladándoles nuevos costos. La violencia de algunos grupos no borra esas demandas, que siguen poniendo en discusión las condiciones de vida y el futuro de una generación.