La medida tiene además un antecedente particular: las apuestas fueron legalizadas en Brasil en 2018, durante el gobierno de Michel Temer, y el actual gobierno de Lula terminó de establecer en 2023 el marco regulatorio que permitió el funcionamiento de las plataformas autorizadas, con licencias e impuestos.
Ahora, menos de dos años después de la puesta en marcha de ese esquema regulatorio, el Gobierno decidió avanzar hacia la prohibición total. Actualmente hay 85 empresas autorizadas para operar en el país.
El argumento oficial está centrado en el impacto de las apuestas sobre el endeudamiento de los hogares. El ministro de Hacienda, Darío Durigan, definió la expansión de las bets como un problema de salud pública y señaló que el juego está afectando los presupuestos familiares.
Un negocio que mueve miles de millones
El tamaño del mercado ayuda a explicar el impacto de la decisión. Según datos oficiales citados por medios brasileños, durante 2025 cerca de 25 millones de personas apostaron unos 220.600 millones de reales, equivalentes a unos US$42.500 millones al tipo de cambio actual.
El Estado también había comenzado a obtener importantes ingresos a través de la regulación. En 2025 recaudó alrededor de 9.000 millones de reales en impuestos vinculados a las apuestas, y en los primeros ocho meses de 2026 ya había superado esa cifra.
El fútbol brasileño también quedará afectado. Los clubes reciben importantes ingresos de las empresas de apuestas por publicidad y patrocinio, y algunos de los principales equipos ya habían advertido sobre las consecuencias económicas de una prohibición.
La oposición cuestionó el momento
La decisión generó una rápida respuesta de Flávio Bolsonaro, principal rival de Lula en la carrera presidencial. El senador calificó la medida de “populista, hipócrita y con motivaciones políticas”.
La discusión, así, quedó atravesada por el calendario electoral. El Gobierno sostiene que busca proteger a las familias frente al endeudamiento y al crecimiento de las apuestas; la oposición cuestiona que la prohibición se anuncie en plena recta final de la campaña.
Un sondeo de AtlasIntel publicado esta semana mostró que el 75% de los brasileños consultados apoya la prohibición de las apuestas, mientras que el 17% se manifestó en contra. La encuesta fue realizada entre el 17 y el 22 de septiembre sobre 5.015 votantes.
El Gobierno tendrá ahora otro frente abierto: además de la discusión política, deberá conseguir que el Congreso convalide la medida dentro de los próximos 120 días. Mientras tanto, las plataformas tendrán que avanzar con el proceso de cierre previsto por las nuevas normas. Según el cronograma oficial, desde el 6 de octubre los sitios y aplicaciones de apuestas deberán quedar fuera de funcionamiento.