El razonamiento del presidente estadounidense es que “artificial” puede asociarse con algo falso, fabricado o que intenta imitar una capacidad humana. Por eso impulsó otras denominaciones antes de quedarse con “superinteligencia”, entre ellas “inteligencia superior” e “inteligencia extrema”.
La elección también encaja con el discurso que Trump viene sosteniendo sobre la carrera tecnológica con China. Su Gobierno busca que Estados Unidos mantenga el liderazgo en el desarrollo de estos sistemas y sostiene que una regulación demasiado restrictiva podría frenar la innovación.
De hecho, la Casa Blanca presentó la decisión como parte de una estrategia para impulsar el desarrollo de sistemas cada vez más avanzados y aprovecharlos en áreas como la ciencia, la medicina, la energía y la industria.
El problema: “superinteligencia” ya significa otra cosa
El cambio de nombre no es solamente una cuestión semántica. En el ámbito de la investigación sobre inteligencia artificial, superinteligencia ya es un concepto utilizado para describir sistemas que podrían superar ampliamente las capacidades cognitivas humanas.
Por eso, especialistas han advertido que utilizar “superinteligencia” como nombre general para toda la IA puede generar confusión. No todos los sistemas de inteligencia artificial actuales son “superinteligentes” en ese sentido.
Trump, sin embargo, busca justamente instalar esa idea: que la tecnología que hoy conocemos como IA ya representa algo mucho más potente que una simple herramienta que imita capacidades humanas.
El cambio, por ahora, afecta a la administración federal estadounidense: las agencias deberán utilizar “Super Intelligence” en sus documentos y comunicaciones oficiales. No significa que el término “inteligencia artificial” haya desaparecido del mundo tecnológico ni que el resto de los países estén obligados a utilizar la nueva denominación.
La decisión se suma así a la estrategia de Trump para presentar a Estados Unidos como líder de una nueva etapa tecnológica, mientras crece el debate sobre hasta dónde debe llegar el desarrollo de la inteligencia artificial y qué controles deberían aplicarse sobre sus posibles riesgos.