La Justicia de Córdoba informó las identidades de nueve desaparecidos en La Perla
A casi 50 años de los secuestros, la Justicia Federal de Córdoba dio a conocer las identidades de nueve personas desaparecidas cuyos restos fueron hallados en el predio de La Perla, uno de los mayores centros clandestinos de detención, tortura y exterminio de la última dictadura cívico-militar. El trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), junto con el Instituto de Medicina Forense del Poder Judicial provincial, permitió ponerles nombre a restos encontrados durante las excavaciones realizadas en 2025.
Las identificaciones se anunciaron este viernes en los Tribunales Federales de Córdoba, después de que las familias fueran notificadas. La noticia representa un avance fundamental en la búsqueda de verdad y justicia: detrás de cada nombre hay una historia interrumpida por el terrorismo de Estado y décadas de incertidumbre para quienes nunca dejaron de buscar.
Quiénes son las nueve personas identificadas
La Justicia confirmó las identidades de Alejandro Ernesto Jesús Jerez Bodereau, Néstor Albino Acosta Ludueña, Pascual Delfín Ludueña, Claudio Norberto Nardini, Cecilia Alicia Pessina de Ávila, Mónica Protti de Guillén, Mercedes del Valle Ramírez, María Luisa Salto y Juan Carlos Soulier.
Los restos fueron encontrados en el sector conocido como Loma del Torito, dentro del predio de la Guarnición Militar de La Calera. Los especialistas realizaron análisis antropológicos y genéticos, además de cotejos de ADN, para establecer las identidades.
Las historias familiares que acompañaron el anuncio permitieron dimensionar el alcance humano del hallazgo. Néstor Albino Acosta Ludueña, empleado ferroviario y militante del PRT, había sido secuestrado en junio de 1976. Su hermana expresó el significado de poder identificarlo después de medio siglo de búsqueda: “Luego de 50 años de lucha podemos decir que Néstor está aquí, está presente, está con nosotros”.
María Luisa Salto tenía apenas 20 años cuando fue secuestrada en Córdoba capital, el 27 de julio de 1976. Estudiaba Medicina en la Universidad Nacional de Córdoba. Su familia la recordó como una joven con sueños, ideales y el deseo de construir una sociedad mejor.
También fue identificada Cecilia Alicia Pessina de Ávila, nacida en Río Tercero en 1948. Su hermana relató que se la llevaron de su departamento cuando su hija tenía apenas tres años. El hallazgo permitió avanzar en una historia familiar atravesada por el secuestro y la violencia de la dictadura.
Juan Carlos Soulier, electricista y estudiante de Ingeniería en Construcciones en la UTN Córdoba, fue secuestrado junto con su esposa, Adriana María Díaz Ríos, y su hijo pequeño. El bebé pudo ser recuperado por sus abuelos, pero el resto de la familia continuó desaparecido. Su hijo Sebastián resumió el significado de la identificación: “El Negro Carlos volvió de ese lugar oscuro y ahora podemos abrazarlo”.
La Perla, una maquinaria de terror
La Perla funcionó entre 1976 y 1978 como uno de los principales centros clandestinos de detención, tortura y exterminio del interior del país, bajo el control del aparato represivo del III Cuerpo de Ejército. Se estima que por allí pasaron entre 2.200 y 2.500 personas, muchas de las cuales continúan desaparecidas.
Los trabajos que permitieron estas identificaciones forman parte de las investigaciones judiciales sobre los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura. Las excavaciones y los análisis forenses buscan reconstruir el destino de las víctimas y aportar pruebas sobre el funcionamiento del sistema represivo.
Cada identificación representa un paso contra el ocultamiento que intentó imponer el terrorismo de Estado. También permite a las familias recuperar una parte de su historia y, en algunos casos, conocer por primera vez dónde fueron enterrados sus seres queridos.
Medio siglo después, la búsqueda continúa
La identificación de estas nueve personas se suma a otros avances logrados este año en el mismo predio. El trabajo conjunto de la Justicia, el EAAF y los organismos forenses demuestra la importancia de sostener las investigaciones y preservar las políticas de memoria, verdad y justicia.
Durante décadas, sus familias tuvieron que convivir con la ausencia y la incertidumbre. Hoy, nueve personas recuperan sus nombres y sus historias vuelven a ocupar el lugar que el terrorismo de Estado intentó arrebatarles. La búsqueda no termina con este anuncio: todavía quedan restos por identificar y familias que esperan respuestas.





