El argumento central de Trump fue la decisión de las autoridades brasileñas de extender por dos horas el horario de votación en algunas localidades, debido a problemas de transporte que dificultaban la llegada de los electores a los centros de votación. Según los datos difundidos por C5N, la ampliación permitió emitir unos 34.000 votos adicionales, una cifra muy inferior a la diferencia de más de 4,4 millones de sufragios con la que Lula derrotó a su rival.
Pese a sus cuestionamientos, Trump intentó despegarse de la derrota del candidato de la ultraderecha brasileña. “No apoyé a nadie ni respaldé nada”, insistió, aunque en mayo había recibido a Flávio Bolsonaro en el Despacho Oval de la Casa Blanca. El vínculo de su Gobierno con la familia Bolsonaro y sus gestos hacia la derecha regional contrastan con la neutralidad que ahora reivindica.
Las declaraciones también se producen en un contexto de tensión política en Brasil. Tras conocerse el resultado, Flávio Bolsonaro cuestionó la extensión del horario electoral y anunció que buscaría la anulación de los comicios ante la Justicia. Sin embargo, ni Trump ni el candidato derrotado presentaron pruebas que demuestren que la modificación del horario haya alterado el resultado.
La sombra de Trump sobre las elecciones de la región
La pregunta sobre una posible intervención en Argentina no es menor. Trump respaldó públicamente a Javier Milei durante las elecciones legislativas de 2025 e incluso vinculó su apoyo financiero al país con el resultado electoral. Su Gobierno también mantuvo una relación estrecha con dirigentes de derecha de distintos países latinoamericanos.
En Brasil, aunque evitó expresar un respaldo formal a Flávio Bolsonaro durante la campaña, Trump había recibido al senador en la Casa Blanca y su administración desplegó medidas de presión contra el Gobierno de Lula. Después de la derrota de Bolsonaro, el presidente estadounidense volvió a poner en duda la legitimidad del resultado sin aportar pruebas.
El episodio expone una contradicción: Trump dice no tomar partido, pero cuestiona la elección cuando el resultado favorece a un dirigente que no comparte su orientación política. Sus declaraciones se suman a una serie de intervenciones y apoyos explícitos en la región que alimentan el debate sobre los límites de la influencia estadounidense en las democracias latinoamericanas.
Por ahora, el mandatario no cuestionó un resultado electoral argentino reciente en los mismos términos. Pero su reacción frente a Brasil deja planteado el interrogante: ¿respetará la decisión de las urnas cuando un aliado suyo pierda, o volverá a instalar sospechas de fraude sin pruebas?