Notas De Autor

Flybondi en crisis: del emblema libertario al fracaso del negocio de Scatturice

Por Patricio da Torre

Flybondi llegó a los tribunales. La aerolínea que fue presentada durante años como uno de los emblemas de la apertura aerocomercial argentina terminó solicitando el concurso preventivo de acreedores después de acumular deudas, embargos, salarios impagos, pedidos de quiebra y una caída prácticamente total de sus operaciones.

Pero la crisis de Flybondi tiene una dimensión que excede largamente los problemas de una empresa privada.

Desde mediados de 2025, la compañía quedó bajo el control de COC Global Enterprise, el grupo de Leonardo Scatturice, un empresario radicado en Miami con pasado vinculado al mundo de la inteligencia, fuertes conexiones con el trumpismo y una relación estrecha con Santiago Caputo, uno de los principales hombres de confianza de Javier Milei.

Scatturice desembarcó en Flybondi con una apuesta ambiciosa: anunció una inversión de US$1.700 millones, prometió incorporar hasta 35 aviones y planteó una expansión regional que debía convertir a la empresa en uno de los grandes jugadores del mercado aerocomercial.

Menos de un año después, la aerolínea terminó pidiendo su concurso preventivo.

Y en el medio quedó expuesta una trama que mezcla negocios, desregulación, vínculos políticos, rutas aéreas y un empresario cuya llegada al poder libertario estuvo acompañada por episodios que todavía generan interrogantes.

El negocio detrás de los “cielos abiertos”

Para entender por qué Flybondi podía resultar atractiva para Scatturice hay que mirar qué estaba haciendo el Gobierno con el mercado aerocomercial.

La administración de Milei impulsó una profunda desregulación del sector. El Decreto 599/2024 estableció como principios el libre acceso de nuevos operadores, la desregulación tarifaria y la libertad comercial para fijar frecuencias y rutas aéreas, además de mecanismos destinados a acelerar el otorgamiento de capacidad y frecuencias.

El Gobierno lo presentó como parte de su política de “Cielos Abiertos”: menos restricciones, más operadores, más rutas y mayor competencia.

Para una compañía como Flybondi, que necesitaba crecer en escala para sostener su modelo low cost, ese escenario podía representar una oportunidad enorme.

Y Scatturice parecía dispuesto a aprovecharla.

No solamente compró la aerolínea. Su entorno empresarial también trabajó sobre la expansión internacional. Según reconstruyó elDiarioAR, una firma vinculada a su armado, Forward Global, fue contratada para gestionar ante la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos —FAA— la habilitación de rutas de Flybondi hacia ese país.

La apuesta era, entonces, mucho más grande que mantener algunos vuelos domésticos.

El proyecto era convertir a Flybondi en una pieza de una nueva estructura aerocomercial, con más aviones, más rutas y mayor presencia regional.

En diciembre de 2025, Scatturice anunció que invertiría US$1.700 millones y que la empresa incorporaría hasta 35 aviones Airbus y Boeing. En el anuncio habló de un “paso histórico” y aseguró: “Invertir es creer, y hoy creemos más que nunca en el futuro”.

El problema es que aquella expansión nunca pasó de ser, en buena medida, un anuncio.

Al momento de la presentación concursal, Aviaciónline informó que Flybondi no había realizado los anticipos necesarios para asegurar las posiciones de fabricación de los nuevos aviones. Es decir: los 35 aviones que debían cambiar el destino de la compañía nunca se transformaron en una orden firme de compra.

Scatturice, Caputo y una relación mucho más amplia que Flybondi

La compra de Flybondi tampoco puede separarse de quién es Scatturice y de cómo llegó hasta allí.

El empresario no apareció de la nada en el universo libertario. Durante el gobierno de Milei construyó una relación particularmente estrecha con Santiago Caputo y se convirtió en uno de los enlaces del oficialismo con sectores conservadores de Estados Unidos.

LA NACION reconstruyó que Scatturice era una persona de consulta para Caputo y que mantenían un vínculo fluido. También describió su llegada a Flybondi como parte de una confluencia entre tres intereses: un Gobierno que quería evitar que quebrara una empresa que funcionaba como símbolo de su política de liberalización, una compañía que necesitaba urgentemente capital y un empresario que buscaba ampliar sus negocios.

La red empresarial de Scatturice también se expandió sobre otros sectores.

COC Global Enterprise controla distintas compañías y, durante la gestión de Milei, empresas vinculadas al empresario consiguieron contratos y participaron en negocios con el Estado. Su firma Tactic Global, además, fue contratada por la SIDE para tareas de asesoramiento estratégico y enlace con Estados Unidos.

En paralelo, Scatturice fue consolidando sus vínculos con el mundo conservador estadounidense. Tiene conexiones con la CPAC, con operadores del trumpismo y llegó a ser fotografiado junto a Donald Trump.

Por eso, la llegada a Flybondi no fue solamente la adquisición de una aerolínea.

Fue otra pieza dentro de una expansión empresarial y política que se desarrollaba al mismo tiempo en Buenos Aires y Washington.

Las valijas: el episodio que puso a Scatturice bajo la lupa

La figura de Scatturice quedó todavía más expuesta por el escándalo de las valijas.

El 26 de febrero de 2025, un avión privado de una empresa vinculada al empresario aterrizó en Aeroparque con Laura Belén Arrieta, integrante de la CPAC y empleada de OCP Tech, una compañía de Scatturice, además de dos tripulantes vinculados a sus empresas.

El equipaje no pasó por los controles habituales.

Las imágenes incorporadas a la investigación mostraron que los pasajeros y las valijas utilizaron un circuito especial y evitaron los escáneres. La investigación también detectó inconsistencias sobre el origen y destino del vuelo y sobre la cantidad de bultos ingresados.

El dato más delicado apareció después: una funcionaria de Aduana que habilitó el paso fue llamada en ese mismo momento por su superior, según quedó registrado en la investigación.

La pregunta central era evidente: ¿quién había dado la orden para que ese avión y su equipaje recibieran un trato diferente al del resto de los pasajeros?

La Justicia nunca logró responderla.

En septiembre de 2026, el juez Pablo Yadarola archivó la causa en su último día al frente del juzgado. El archivo no equivale a un sobreseimiento definitivo y puede reabrirse si aparece nueva información, pero la investigación quedó sin establecer quién ordenó el procedimiento excepcional.

El episodio resulta particularmente significativo porque la pasajera, el avión y la empresa estaban directamente vinculados con Scatturice, quien por entonces acababa de quedarse con Flybondi.

No se probó que Scatturice haya ordenado eludir controles ni que las valijas contuvieran elementos ilegales. Pero sí quedó documentado que hubo un procedimiento irregular de ingreso sin escaneo y que la Justicia no pudo determinar quién había ordenado ese trato preferencial.

Es una parte de la historia que no debería perderse cuando se analiza quién estaba detrás del nuevo Flybondi.

La versión del enojo de Scatturice

En este contexto también comenzaron a circular versiones sobre el estado de ánimo de Scatturice frente al resultado de su inversión.

Según versiones recogidas en ámbitos políticos y empresariales, el empresario habría quedado molesto con el resultado de la operación y particularmente con quienes lo alentaron a apostar por Flybondi bajo la expectativa de una fuerte expansión del mercado aerocomercial.

La versión no fue confirmada públicamente por Scatturice y no corresponde presentarla como un hecho probado.

Pero existe un elemento que vuelve comprensible la hipótesis: cuando el empresario desembarcó en la compañía, la apuesta era precisamente crecer aprovechando el nuevo escenario regulatorio.

El Gobierno había flexibilizado las condiciones para operar, había impulsado la política de Cielos Abiertos y había prometido una transformación profunda del sector.

Scatturice puso dinero.

Flybondi anunció una inversión de US$1.700 millones.

Se habló de 35 aviones.

Se trabajó para abrir nuevas rutas.

Y ahora la empresa está en concurso preventivo.

La distancia entre aquella expectativa y la realidad es difícil de disimular.

Del anuncio de 35 aviones a una aerolínea en tierra

Los números actuales muestran el tamaño del derrumbe.

En agosto Flybondi llegó a cancelar alrededor del 80% de sus vuelos y acumuló embargos, pedidos de quiebra y reclamos de proveedores. Más de 700 trabajadores desvinculados reclamaban el pago de sus indemnizaciones y la empresa acumulaba deudas tributarias.

En julio, según datos difundidos por Bloomberg, Flybondi operó apenas 153 vuelos frente a los 2.105 del mismo mes del año anterior. La autoridad aeronáutica brasileña incluso le ordenó dejar de vender pasajes en ese país.

La crisis llegó al punto de que la empresa pasó semanas sin realizar vuelos mientras mantenía abierta la venta de pasajes en su página web.

Y el Estado quedó en el centro de los cuestionamientos.

Durante buena parte de la crisis, la Secretaría de Transporte evitó aplicar sanciones que estaban dentro de sus facultades, incluso frente a un nivel de cancelaciones que podía justificar multas o la pérdida de rutas. LA NACION había informado que el Gobierno tenía particular interés en evitar la caída de Flybondi por el valor simbólico que tenía para su política de liberalización aerocomercial.

La paradoja es evidente: la empresa que debía demostrar que la apertura y la competencia podían transformar el mercado terminó necesitando que el Estado la sostuviera regulatoriamente mientras se acumulaban sus incumplimientos.

Una historia que excede a Flybondi

Flybondi tenía problemas antes de que Scatturice apareciera. La compañía ya había atravesado crisis financieras, dificultades operativas y cancelaciones desde 2023.

Por eso sería incorrecto atribuirle al empresario la totalidad del derrumbe.

Pero también sería insuficiente analizar la situación actual como si su llegada no hubiera cambiado nada.

Scatturice tomó el control en 2025 con una promesa de expansión gigantesca. Lo hizo mientras profundizaba sus vínculos con el Gobierno y mientras el mercado aerocomercial argentino avanzaba hacia una mayor desregulación.

La apuesta estaba hecha sobre una determinada expectativa: que la apertura del mercado, la flexibilización de rutas y frecuencias y la llegada de capital permitirían transformar a Flybondi en una compañía mucho más grande.

El resultado, hasta ahora, es el contrario.

La empresa terminó achicándose, perdió aviones, perdió trabajadores, acumuló deudas y llegó al concurso preventivo.

Y detrás de la aerolínea quedó la figura de un empresario cuyo ascenso durante el gobierno de Milei estuvo acompañado por una red de relaciones políticas, negocios internacionales, contratos con el Estado y episodios controvertidos como el caso de las valijas que nunca terminó de esclarecerse.

El negocio que no fue

Por eso, la crisis de Flybondi puede leerse también como el fracaso de una apuesta empresarial construida alrededor de la nueva etapa libertaria.

No porque la desregulación, por sí misma, garantizara el éxito de una aerolínea. Tampoco porque la crisis de Flybondi pueda explicarse únicamente por sus vínculos políticos.

Sino porque la historia muestra una secuencia demasiado concreta para ignorarla: un Gobierno que convierte los cielos abiertos en bandera, un empresario estrechamente relacionado con su círculo de poder que compra una de las compañías emblemáticas de esa política, anuncios de una expansión de US$1.700 millones, planes para sumar 35 aviones y abrir nuevas rutas, y finalmente una empresa que termina en los tribunales intentando reestructurar sus deudas.

Mientras tanto, quedan abiertas preguntas sobre cuánto de aquel proyecto fue una inversión empresarial real y cuánto dependía de las condiciones regulatorias que el Gobierno prometía generar.

Y queda otra pregunta todavía más incómoda: qué sucede cuando los grandes negocios de empresarios cercanos al poder fracasan después de haber sido presentados como ejemplos del éxito de un modelo económico.

En el caso de Flybondi, por ahora, la respuesta está en un expediente judicial.

Y los aviones, en tierra.

Redacción Somos Citrica

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