Uno de los momentos centrales de la jornada fue la movilización contra los travesticidios, transfemicidios y transhomicidios. Las calles se llenaron de banderas, consignas y homenajes a víctimas de la violencia, en una marcha que también denunció la discriminación y los abusos institucionales.
Las familias de víctimas de femicidio participaron de las actividades y llevaron sus reclamos a un encuentro que, desde hace décadas, funciona como espacio de acompañamiento y organización colectiva.
También hubo una asamblea contra el endeudamiento y reuniones sindicales para discutir la situación del empleo, los derechos laborales y las consecuencias de las políticas económicas. En otra plaza, organizaciones denunciaron la criminalización de mujeres que atravesaron emergencias obstétricas.
La diversidad de temas refleja que el Encuentro no se limita a una agenda sectorial: conecta las violencias de género con las condiciones materiales de vida, el acceso a la salud, el trabajo y las desigualdades económicas.
Un espacio político que busca recuperar fuerza
La convocatoria también funciona como un termómetro de la capacidad organizativa del movimiento feminista después de años de fragmentaciones y del impacto de la pandemia. La posibilidad de reunir a personas de distintas generaciones, territorios y tradiciones políticas vuelve a ubicar al Encuentro como un espacio de discusión y construcción colectiva.
La edición cordobesa está atravesada por los cuestionamientos al Gobierno de Milei y por la intención de coordinar nuevas acciones frente a sus políticas. Entre los reclamos aparecen el cumplimiento de la ley de financiamiento universitario y la oposición al DNU 70/2023.
La propuesta de que la próxima edición se realice en la Ciudad de Buenos Aires también ganó fuerza durante las jornadas. Llevar el Encuentro a la capital implicaría acercar esa movilización a los principales centros de decisión política y económica del país.
La marcha de cierre y las conclusiones de los talleres terminarán de delinear los principales reclamos. Pero la primera jornada ya dejó una señal: frente a la crisis y las diferencias internas, el movimiento feminista mantiene un espacio de encuentro para debatir, organizarse y disputar el rumbo político del país.