La fila reunió a personas con trayectorias muy distintas. José Luis Díaz Roto contó que lleva más de cuatro años sin conseguir empleo formal y que se acercó mientras termina sus estudios secundarios.
Julián, de 22 años, busca su primera oportunidad laboral estable. Hasta ahora, contó, solo consiguió hacer changas. Lautaro, en tanto, explicó que estaba sin trabajo desde hacía aproximadamente un mes y medio y que atravesaba una situación personal difícil tras la muerte de su madre.
También hubo personas que ya trabajan, pero necesitan cambiar de empleo o sumar ingresos. Germán, repositor y empleado de depósito, enumeró las tareas que realiza, entre ellas atención al público, manejo de caja y trabajo administrativo. Aun así, aseguró que no consigue cubrir todos sus gastos.
“La verdad que es muy triste ver todo esto porque se nota la necesidad de la gente y duele mucho”, expresó.
Una fila que expone la crisis laboral
La convocatoria se produjo en un contexto de dificultades económicas, pérdida de puestos de trabajo y cierre de empresas. Para muchos de los que se acercaron, la oferta del bazar no representaba necesariamente el empleo ideal, sino una posibilidad concreta de mejorar sus ingresos o abandonar la informalidad.
El dueño del comercio aseguró que la cantidad de postulantes superó ampliamente lo que esperaba. La empresa recibió más de 2.000 currículums y prevé incorporar entre 30 y 40 personas.
La desproporción entre la cantidad de aspirantes y las vacantes disponibles convirtió una búsqueda laboral en una imagen contundente de la necesidad de empleo. Detrás de cada currículum había una historia distinta, pero muchas compartían el mismo problema: trabajar no alcanza, las changas no ofrecen estabilidad y conseguir una oportunidad formal se vuelve cada vez más difícil.