La secuencia se sumó a otros ataques recientes. Durante la semana, Milei había arremetido contra la periodista Maru Duffard, a quien calificó de “zurda inmunda” y “basura corrupta”, también después de compartir publicaciones de cuentas y dirigentes afines al oficialismo.
El episodio con Grabois ocurrió el miércoles 30 de septiembre, durante un plenario de comisiones en Diputados por el proyecto de Defensa de la Soberanía Nacional. El dirigente de Unión por la Patria protagonizó un fuerte cruce con legisladores libertarios, con insultos y forcejeos, y terminó utilizando expresiones como “sorete de mierda”, “vendepatria” y “facho de mierda”.
A partir de ese episodio, La Libertad Avanza presentó un proyecto para excluir a Grabois de la Cámara baja por “desorden de conducta”, con el argumento de que sus expresiones y su actitud habían excedido los límites del debate parlamentario. La iniciativa fue firmada por Silvana Giudici y respaldada por toda la bancada libertaria.
La discusión deja planteada una evidente contradicción política: mientras los libertarios reclaman sanciones institucionales contra un diputado por insultar durante una sesión, el propio Presidente mantiene desde hace tiempo una dinámica de confrontación pública en redes sociales, con ataques personales y expresiones de fuerte tenor contra periodistas, dirigentes y opositores.
En el caso de Milei, además, no se trata solamente de una discusión privada o de un intercambio entre particulares: los mensajes son publicados desde la cuenta del jefe de Estado y alcanzan a millones de usuarios.
El fin de semana volvió a quedar expuesto ese estilo. Entre retuits, respuestas y publicaciones propias, el timeline presidencial se convirtió en una sucesión de agravios contra periodistas críticos del Gobierno.
La cuestión, entonces, no pasa solamente por quién insulta y quién no. El contraste que quedó planteado esta semana es otro: ¿por qué una catarata de insultos puede ser presentada como motivo para expulsar a un diputado, mientras el mismo tipo de lenguaje es parte habitual de la comunicación política del propio Presidente?