El acceso a la vivienda se volvió cada vez más pesado para los hogares de menores ingresos de la Ciudad de Buenos Aires: 4 de cada 10 destinan más de la mitad de sus recursos al alquiler de un departamento de dos ambientes.
El dato surge de un informe elaborado por el Consejo Económico y Social de la Ciudad de Buenos Aires (CESBA) junto con la Fundación Fundar, que analizó cómo cambió la estructura de gastos de los hogares porteños durante los últimos 13 años.
El estudio muestra que entre agosto de 2013 y agosto de 2026 la vivienda y los servicios ganaron casi 25 puntos de participación dentro del presupuesto familiar. Ese aumento se produjo mientras otros gastos, como indumentaria y equipamiento del hogar, fueron perdiendo peso.
Para los sectores de menores ingresos, el impacto es todavía mayor. El alquiler de un dos ambientes puede absorber más de la mitad de los ingresos del hogar, antes de sumar expensas, electricidad, gas, internet, transporte y alimentos.
La situación se da en una Ciudad donde el alquiler ocupa un lugar cada vez más importante: según un relevamiento del CEPA, 36,2% de los hogares porteños son inquilinos, frente al 24% registrado en 2003. Al mismo tiempo, la proporción de hogares propietarios cayó del 64% al 52% durante el mismo período.
Los valores actuales ayudan a dimensionar el problema. Un monoambiente ronda los $700.000 mensuales, mientras que un departamento de dos ambientes se acerca a los $890.000 y uno de tres ambientes supera el millón de pesos, de acuerdo con datos difundidos en base al relevamiento del CESBA.
El problema no se limita al alquiler. Cuando una parte tan elevada de los ingresos queda comprometida con la vivienda, queda menos dinero disponible para alimentación, vestimenta, educación, salud y otros consumos cotidianos.
El deterioro también aparece en otros relevamientos. Una encuesta del CELS sobre hogares inquilinos del AMBA registró que el porcentaje que destina más de la mitad de sus ingresos al alquiler pasó del 38% al 57% en un año.
Los datos muestran así una transformación del presupuesto familiar: la vivienda y los servicios ocupan cada vez más espacio, mientras se achica el margen que queda para el resto de los gastos.
En una ciudad donde cada vez más hogares dependen del alquiler, conseguir una vivienda dejó de ser solamente una cuestión de encontrar un departamento disponible: para una parte importante de la población, implica decidir cuánto del ingreso mensual puede resignar para poder tener un techo.