La definición llegó pocas horas después de que Milei sostuviera exactamente lo contrario. En su discurso, el Presidente afirmó que los habitantes de las islas constituyen una “población implantada” y que, por esa razón, “no tienen un derecho legítimo a la autodeterminación”.
De esta manera, Londres volvió a colocar la autodeterminación en el centro de su argumento para sostener su posición sobre las islas, mientras que el Gobierno argentino busca deslegitimar ese principio aplicado a la población de Malvinas.
La respuesta británica se produce después de que Milei anunciara una serie de medidas para reforzar el reclamo argentino de soberanía.
Entre ellas, el Presidente anticipó sanciones contra empresas que desarrollen actividades hidrocarburíferas en las islas sin autorización argentina, un proyecto para endurecer el marco legal vigente y la construcción de una Base Naval Integrada en Tierra del Fuego.
El Gobierno también anunció la creación de un Consejo de Seguridad Nacional y medidas destinadas a reforzar las capacidades argentinas en el Atlántico Sur y la Antártida.
La respuesta de Streeting se produjo, además, en un contexto de renovada tensión por el proyecto petrolero Sea Lion, impulsado por Navitas Petroleum y Rockhopper Exploration. Las empresas avanzaron con el desarrollo del yacimiento pese al rechazo argentino y sostienen que cuentan con las autorizaciones necesarias para operar en las islas.
El Gobierno británico ya había anticipado antes del discurso presidencial que no modificaría su postura sobre Malvinas. En los días previos, Downing Street había reiterado que los habitantes de las islas tienen derecho a determinar su propio futuro y que el compromiso británico con ellos no estaba en discusión.
Después de la cadena nacional, esa posición volvió a quedar expuesta de manera directa: mientras Milei afirma que la población de las islas no puede invocar la autodeterminación para resolver la disputa de soberanía, el Reino Unido sostiene que justamente la voluntad de esos habitantes es uno de sus principales argumentos para mantener el control del archipiélago.
El cruce suma así un nuevo capítulo a la disputa por Malvinas, ahora con un endurecimiento del discurso argentino, anuncios de nuevas herramientas legales y militares y una respuesta británica que ratifica que no tiene previsto ceder en su posición.