Según describió, para probar la hipótesis sobre la universalidad de esa pieza esencial para la replicación, el grupo trabajó con el virus del dengue como si fuera un juego de construcción y se la fue reemplazando por las de otros virus que son transmitidos por mosquitos o garrapatas. “Y funcionó con todos ellos. Esto demostró que los orthoflavivirus comparten un mismo mecanismo de multiplicación y que esas porciones clave de ARN que son promotoras para la replicación en distintos virus son intercambiables entre sí”, resaltó.
El siguiente paso fue buscar cómo bloquearlas para evitar que los virus puedan multiplicarse. Para esto, realizaron análisis estructurales computacionales y sumaron a Mernoosh Arrar, reconocida en el premio Nacional L’Oréal-UNESCO “Por las Mujeres en la Ciencia” 2025, especialista en modelado de biomoléculas, y su equipo del Instituto de Cálculo de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA y el CONICET.
“Este trabajo interdisciplinario permitió, además, poner a prueba métodos computacionales fundamentales para el campo de la predicción de estructuras de ARN”, señaló Arrar.
Después de un rastreo pormenorizado, el equipo encontró un compuesto prometedor que se une a esta pieza universal e inhibe la multiplicación de varios orthoflavivirus. De acuerdo con Oviedo-Rouco, esto es muy esperanzador, aunque todavía falte mucho trabajo para determinar si efectivamente estas moléculas se pueden convertir en medicamentos para tratar pacientes.
Pero, ¿cuándo estará disponible una cura para estas enfermedades? Según el científico, los tiempos para que un descubrimiento de laboratorio se convierta en una terapia de uso clínico son prolongados, ya que incluyen pruebas preclínicas y clínicas para evaluar su toxicidad, efectividad y estabilidad, más allá de los análisis sobre las posibles formas de producción, comercialización y distribución.
“Aunque este camino es largo, nuestro descubrimiento ofrece una ventaja fundamental: no estamos buscando un tratamiento para una sola enfermedad, sino una llave maestra que podría protegernos contra múltiples virus actuales y, lo más importante, contra amenazas que aún no conocemos”, enfatizó Oviedo-Rouco.
“Este trabajo es el corolario de 20 años de estudios, que comenzó con el descubrimiento de un mecanismo básico de la biología del virus del dengue, que ahora estamos utilizando para la búsqueda de antivirales que podrían ser útiles para muchos otros virus”, sostuvo por su parte Gamarnik.
“Uno no sabe de antemano el impacto que hay detrás de los descubrimientos. Pueden pasar muchos años hasta que vemos su aplicación, pero así funciona la ciencia”, concluyó.