Los primeros cuadernillos en chino aparecieron entre 1976 y 1977, y la fama de Sanmao -cuyo nombre aparecía en grande en la portada- ayudó al éxito de esas primeras ediciones, en las que la escritora se permitió cambiar u omitir algunos extractos de los textos originales para hacerlos más entendibles y atractivos para el público del país asiático.
“Algunos de los cambios más conocidos son la conversión de la mayonesa por la salsa de soja. Pero también podemos mencionar el cambio del apellido Pérez (muy común en los países hispanohablantes) por el de Lin o la mención a Papá Noel en lugar de los Reyes Magos, no tan famosos en el Extremo Asiático”, explica la investigadora argentina Lucila Carzoglio, residente en Shanghái.
La experta asegura que “el trabajo de Sanmao tendía a transformar a Mafalda en una niña china, pero además en esas primeras viñetas ella incluía decenas de notas al pie que explicaban contextos, chistes o situaciones, al punto de convertirse ella misma también en un personaje”.
Desde entonces se han publicado diversas ediciones de Mafalda en chino; la última de ellas, en el marco de este sexagésimo aniversario, a cargo de la editorial NeoCogito, que ha lanzado cinco tomos de tapa dura con una nueva traducción que busca acercar una voz más actual a los nuevos lectores.
Además, se ha publicado el libro ‘Universo Mafalda’, que construye un mapa de estas queridas tiras gracias a historias relacionadas con la creación de Quino, los modelos de algunos personajes, la situación social de la época o la enorme influencia que tuvo esta historieta en el mundo.
Wang Rufei, responsable de la edición actual, comenta: “Yo soy una fanática de la tira, todavía conservo mi edición de 1999 toda deshojada de tanto leerla. Mafalda se ha convertido en un programa vital que orienta mi vida cotidiana: la honestidad conmigo misma, la preocupación por los asuntos del mundo, el amor por los amigos y la familia”.