La industria textil argentina atraviesa un nuevo escenario de fuerte deterioro: las importaciones ya abastecen cerca del 70% del mercado interno y las fábricas trabajan con apenas el 39% de su capacidad instalada. El dato significa que seis de cada diez máquinas están paradas, mientras el sector denuncia condiciones de competencia que considera desiguales.
La Fundación Pro Tejer advirtió que los cambios en la política comercial durante el Gobierno de Javier Milei favorecieron un fuerte ingreso de productos del exterior sin que eso fuera acompañado por una mejora equivalente en las condiciones para la industria local.
“El escenario productivo local se ve afectado por la veloz apertura comercial, desregulación total de las importaciones y la apreciación del tipo de cambio real”, señaló la entidad, que también cuestionó las demoras en medidas destinadas a reducir la carga tributaria y mejorar la competitividad.
El cambio respecto de los niveles históricos es significativo. Según Pro Tejer, durante años el mercado interno se abastecía aproximadamente en partes iguales entre producción nacional e importaciones. Ahora, en cambio, los productos provenientes del exterior explican cerca del 70% del consumo.
Durante el primer semestre del año ingresaron 177.356 toneladas de productos textiles e indumentaria por unos 911 millones de dólares. En términos generales, las importaciones cayeron 20% en volumen y 5% en valor respecto del mismo período de 2025, pero la evolución fue muy diferente según el tipo de producto.
Los mayores retrocesos se registraron justamente en los primeros eslabones de la cadena productiva: las importaciones de materias primas bajaron 33%, las de hilados 43%, las de tejidos planos 52% y las de tejidos de punto 34%.
En cambio, los productos terminados continúan mostrando niveles récord. Las importaciones de indumentaria aumentaron 62% en toneladas y 36% en dólares, mientras que las confecciones para el hogar, como sábanas y toallas, crecieron 26% en toneladas y 7% en dólares.
El reclamo de la industria
Frente a este escenario, la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA) habló de “competencia fraudulenta” y apuntó contra las condiciones en las que ingresan algunos productos al país.
Desde la entidad señalaron que las rebajas impositivas y las medidas de desburocratización implementadas en los últimos años beneficiaron principalmente a las importaciones, mientras que la producción nacional continúa afrontando una elevada carga tributaria, costos logísticos y dificultades para acceder al financiamiento.
Además, remarcaron que la industria local compite con plataformas como Shein y Temu, que comercializan productos importados bajo un esquema diferente al de los fabricantes argentinos.
El reclamo más fuerte está vinculado con la subfacturación. FITA sostuvo que más del 70% de los productos importados ingresa a valores significativamente inferiores a los antecedentes del sector y que, en numerosos casos, esos precios ni siquiera alcanzarían a cubrir el costo de la principal materia prima.
Por eso, las entidades textiles reclaman que se cumpla la normativa vigente en materia de comercio exterior y que se recuperen condiciones de competencia consideradas justas.
El impacto ya se refleja en la actividad industrial. La producción textil cayó 24,4% durante el primer semestre frente al mismo período de 2025 y acumula una baja del 34% respecto de 2023.
Con una capacidad instalada utilizada de apenas 39%, el panorama muestra el fuerte retroceso de una industria que históricamente tuvo un peso importante en la producción y el empleo. Mientras las prendas importadas ganan espacio en el mercado argentino, una parte cada vez mayor de las máquinas de las fábricas locales permanece sin funcionar.