Entre los principales desafíos se encuentra el estudio del polvo lunar, un material fino y abrasivo que puede afectar equipos, trajes y sistemas energéticos. Su comportamiento durante los aterrizajes es clave para el desarrollo de misiones más complejas en el futuro.
Otro de los sistemas que se implementará será el Laser Retroreflector Array (LRA), diseñado para funcionar como punto de referencia en la superficie lunar y mejorar la navegación de futuras misiones mediante señales láser enviadas desde orbitadores o naves en descenso.
El tercer instrumento clave será el Linear Energy Transfer Spectrometer (LETS), que medirá la radiación en tránsito hacia la Luna y en su superficie. Esta información es fundamental para diseñar misiones tripuladas de larga duración y proteger tanto a astronautas como a equipos electrónicos.
Además, la agencia evalúa el envío del rover Promise, una versión de desarrollo basada en los vehículos Perseverance y Curiosity, que permitiría explorar el subsuelo lunar y buscar posibles recursos naturales.
En paralelo, la NASA anunció nuevas convocatorias para tecnologías vinculadas a energía, comunicaciones y navegación, con el objetivo de reforzar la infraestructura necesaria para una base lunar permanente.
El programa también contempla el desarrollo de una red de comunicaciones y navegación entre la Tierra y la Luna, junto con futuras demostraciones tecnológicas que acompañarán la expansión de la presencia humana fuera del planeta.
Finalmente, la agencia señaló que estas misiones forman parte de una estrategia más amplia que no solo apunta a la Luna, sino que también prepara el camino para futuras exploraciones tripuladas a Marte, donde los robots tendrán un rol central en la recopilación de datos previos.