Uso familiar: para quienes consumen un equivalente a 7 litros diarios para ir al trabajo o llevar a los chicos al colegio, el ahorro es de aproximadamente $10.000 por día. En este caso, el equipo se amortiza en apenas 5 meses.
Uso intensivo (aplicaciones de transporte o taxis): un vehículo que trabaja las 24 horas y gasta unos 30 litros de nafta diarios puede llegar a ahorrar hasta $900.000 al mes. De esta forma, se logra pagar la totalidad del equipo en tan solo un mes y medio.
Si bien el valor exacto en el surtidor puede tener ligeras variaciones dependiendo de la estación de servicio, el dato clave para los usuarios radica en la brecha frente a los combustibles tradicionales. Actualmente, la diferencia promedio entre un litro de nafta y un litro equivalente de gas supera los $1.200. Esta enorme distancia económica es la que produce un ahorro sustancial inmediato.
El costo final de llenar el cilindro y su autonomía de viaje están directamente vinculados al tamaño del tubo instalado (siendo los de 40 y 60 litros los más elegidos) y al rendimiento particular de cada motor. Sin embargo, en términos de proporción de gasto, la ecuación es indiscutible: pasarse al gas permite realizar los mismos trayectos de rutina diaria pero reduciendo drásticamente el costo operativo, lo que justifica por qué muchos autos cero kilómetro o con muy poco uso ya están ingresando a los talleres para su conversión.