La deuda de los hogares continúa creciendo y cada vez más argentinos recurren al crédito para cubrir gastos de todos los días. Un relevamiento de PensarLab y el Centro de Estudios de la Ciudad (CEC) reveló que el 58% de los argentinos se endeudó con un préstamo en los últimos meses para afrontar gastos corrientes.
El problema golpea con mayor fuerza a los sectores de menores ingresos. Entre quienes se encuentran en los deciles más bajos, el porcentaje de personas que tomó deuda llega al 65%, mientras que entre las mujeres alcanza el 63%.
Uno de los datos más preocupantes aparece cuando se analiza para qué se pidió el dinero. El 26% de quienes se endeudaron lo hizo para comprar alimentos, es decir, uno de cada cuatro argentinos que tomó un préstamo necesitó recurrir al crédito para comer.
A los alimentos le siguen los gastos cotidianos, con el 21%, y el pago de servicios, con el 15%. Otro 14% utilizó el dinero para cancelar deudas anteriores, una señal del circuito de endeudamiento en el que una nueva obligación sirve para intentar cubrir otra que ya no se puede afrontar.
El informe también registró que el 54% de los encuestados se atrasó con algún pago en los últimos meses. Los mayores niveles de demora corresponden a los servicios, con el 46%, seguidos por las tarjetas de crédito, con el 36%, y los préstamos o créditos, con el 33%.
La situación presenta además una fuerte diferencia según el nivel de ingresos. Mientras que el 30% de los sectores de mayores ingresos declaró dificultades para afrontar sus deudas, el porcentaje subió al 43% entre los sectores medios y al 72% entre los hogares de menores recursos.
El estudio advierte también sobre la reincidencia: el 30,5% de quienes renegociaron una deuda volvió a endeudarse. Según el CEC, esto muestra que renegociar las obligaciones no necesariamente significa salir del problema, sino que muchas familias simplemente consiguen más tiempo antes de volver a quedar atrapadas por la deuda.
El escenario se suma al deterioro registrado en la morosidad bancaria durante 2026. Mientras los hogares utilizan cada vez más el crédito para sostener gastos básicos, la capacidad de pago continúa deteriorándose, con un impacto especialmente fuerte sobre quienes tienen menores ingresos.