El comienzo del discurso de Macri estuvo atravesado por la palabra orden. Desde el inicio, dejó en claro que esa será la columna vertebral de su gestión y el eje político con el que buscará consolidar su perfil propio y reforzar la identidad del PRO frente al avance de La Libertad Avanza y del peronismo en territorio porteño.

“La ciudad del caos, del desorden y del vale todo se terminó. La inmensa mayoría de los porteños siguen eligiendo más libertad y más orden”, afirmó ante los legisladores.

“Voy a luchar sin descanso contra los enemigos del estilo de vida de los porteños que queremos vivir tranquilos, con progreso y en paz. No queremos vivir como en lo peor del conurbano”, agregó.

El mensaje buscó interpelar a un electorado que el oficialismo considera propio y que, en los últimos meses, mostró señales de fragmentación ante el crecimiento libertario. Sin nombrarlos de manera directa, el jefe de Gobierno apuntó contra los cortes de calles, los acampes y las ocupaciones del espacio público como parte de un pasado que, según su relato, quedó atrás.

“Los porteños no queremos ser rehenes de nadie. Ni de los que cortan las calles, ni de los piquetes, ni de los que invaden veredas o plazas, o de los delincuentes. Acá ya no hay espacio para minorías violentas que rompen las reglas de convivencia”, sostuvo.

En otro tramo, recordó escenas habituales en el centro porteño durante años anteriores: “Elegí defender a esa mayoría silenciosa, respetuosa de la ley, que se sentía impotente viendo la 9 de Julio todos los días cortadas. Manteros, acampes, ranchadas, o casas tomadas por todos lados”.

Macri también reivindicó el estilo de conducción de su administración y anticipó que no habrá retrocesos en la línea adoptada. “Esta gestión, bajo mi conducción, miró siempre los problemas de frente y lo seguirá haciendo, incluso cuando eso incomoda y genera la resistencia de quienes prefieren que nada cambie”, expresó.