‘Gioia Mia’, ‘La Grazia’ y preguntas para un nuevo mundo
Por Santiago Loidl
Hace dos semanas salí del cine después de ver la nueva película de Sorrentino. Me sorprendieron algunos recursos y más que nada la sensación con la que me quedé los días siguientes. Sentí que Paolo Sorrentino hizo algo más que una película, empezó a marcar un camino, al menos el suyo, el que cree más correcto, desde un posicionamiento honesto. Luego leí algunas entrevistas que dio esa semana y habló principalmente del personaje “presidente” de su película, y lo que él se imaginaba que tenía que ser y transmitir una persona con su autoridad en la realidad y como tiene que responder ante las preguntas que le plantea el mundo y su profesión.
El cine haciendo política y la política haciendo cine.
Ayer volví al cine, otra vez con una película italiana. Margherita Spampinato hizo su ópera prima. E hizo también, algo más que una película. Una declaración de principios. Una declaración de amor. Un niño anciano y una anciana niña. Familiares que no son familia. O familia que no son familiares. Amores que se cruzan y la tan necesaria comprensión entre las personas que integran dos universos que parecen muy distintos pero que no los son tanto.
Nico, un niño de edad escolar, perteneciente al norte de Italia es introducido casi de manera obligatoria en un mundo que desconoce, el sur de Italia y la vida en comunidad. Su cercanía con el celular lo aleja del juego en el que se zambullen los niños del edificio que habita, y su falta de acostumbramiento a algunas tareas cruciales de la vida diaria lo enfrenta con su nueva “cuidadora”, Gela. Anciana siciliana que representa una vida pasada con valores bastante modernos.
El personaje de Nico intenta reflejar al niño de hoy, con los constantes avances tecnológicos y la respuesta atropellada a todas las preguntas que plantea la vida por conocer, pero que tiene una pregunta que la IA no puede responderle, ¿cómo será su primer beso? La respuesta de Gela ante esa pregunta la encuentra en “los sueños”.
¿Está permitido soñar en este mundo?
La Grazia cuenta la historia de un mandatario italiano que la duda constante lo lleva a callejones que parecen no tener salida, y a preguntas que parecen no tener respuesta.
Una aparente falta de carácter que se confunde con un entendimiento profundo acerca de temas fundantes del ser humano.
La aparición de elementos surrealistas que ya no lo son tanto. Un perro robot cruza la calle, y no es noticia.
Imaginar un mundo en el que el sentido común no sea invadido por constantes distracciones tecnológicas.
¿Imaginar?
El constante pitido del celular como alterador del comportamiento humano. El juego como ordenador de prioridades. El idioma y los gestos como lazo.
Pensar el mundo que nos quedará nos lleva a pensar cual de todos estos elementos consideramos primeros, cuales segundos, cuales indispensables y cuales no. El juego, la astucia, los deberes, los besos, el amor, los mensajes, las edades, las vivencias.
Puede un niño tener razón frente a una anciana.
Puede una anciana tener razón ante un niño.
Puede un niño aprender a tender una cama.
Puede una anciana aprender a esconder un celular.
Pueden un niño y una anciana hablar de amor.
¿Pueden un niño y una anciana hablar de amor?
El norte y el sur como contradicción y como regla general. Siempre estuvimos enfrentados y siempre estuvimos juntos.
La contradicción de un presidente y la contradicción de un niño, ¿fue real aquel beso? Las preguntas pueden seguir siendo las mismas. Y algunas respuestas también.
El cine italiano comienza a pensar el camino hacia los años venideros de una manera despojada de bastantes prejuicios y a sabiendas de que el ser humano por solo serlo se equivoca, y de esa equivocación florece otra cosa, una respuesta nueva o una pregunta vieja.
El pensamiento como valor. La historia como recordatorio. Lo nuevo como pregunta.
¿Es real lo tecnológico? ¿Es real lo lúdico?
Nico y Rosa, chiquita siciliana de arrogancia particular, agarran el elemento tecnológico, celular en este caso, y lo utilizan para jugar. No conocen sus otras posibilidades. Y de ese desconocimiento surge otra posibilidad. El juego directo. El reconocer su espacio. El habitar siendo niño. El imaginar.
Cinco niños juegan a las escondidas y la vida parece detenerse, “uno, due, tre, quattro, cinque, sei, sette, otto, nove, dieci, undici, dodici, tredici, quattordici, quindici, sedici, diciassette, diciotto”, un niño pescado por quien cuenta y un “piedra libre” que los libera de un futuro que parece estar dispuesto a ser de una manera impuesta, pero que aún está por verse.
¿Cuántos sueños quedan en el olvido?
El dilema de la moralidad y una pregunta constante, ¿a quién pertenecen nuestros días? Mariano De Santis, este presidente italiano, que se debate entre una ley de eutanasia y las posibilidades del indulto, vuelve hacia esta pregunta ¿a quién pertenecen nuestros días? Y encuentra allí una salida, no a todas sus preguntas, pero sí a un propósito.
Margherita Spampinato y Paolo Sorrentino comparten en sus películas un sueño italiano, capaz de imaginarse un mundo por venir, que no esquiva a las grandes preguntas contemporáneas y que formula nuevas respuestas. Algunas de ellas encuentran sus respuestas en la contradicción y otras en una nueva pregunta. La moralidad de la invasión tecnológica y el desgaste de la vida en comunidad.
¿Puede un juego de cartas de seis ancianas encontrar más respuestas que una reunión de gabinete?
Una playa en Sicilia. Una ronda de viejas con sus reposeras en la arena. Un grupo de niños que se dispone a correr hacia el mar. Una niña aceptando unas disculpas. Una vieja gestando esas disculpas. Otra vieja poniendo un límite al involucramiento en el vínculo de los niños. Nico, Rosa, Gela, Mariano De Santis. Sicilia. Milán. Roma. Una Italia dispuesta a pensar el cine. Un cine dispuesto a pensar los grandes temas. Los grandes temas que son pequeños. Los pequeños pensamientos que construyen las relaciones.
¿Puede un juego de cartas de seis ancianas encontrar más respuestas que una reunión de gabinete?





