La maniobra del jefe de Estado busca instalar la idea de un logro definitivo en la estabilización de los precios. Sin embargo, la pretensión oficial representa un intento de engaño a la ciudadanía, debido a que sus proyecciones previas apuntaron de forma exclusiva al indicador minorista. Este último índice es el que determina de manera real la capacidad de compra de la población.
El registro de los discursos presidenciales desmiente de manera categórica la narrativa del oficialismo y expone lo que parece ser una estrategia de manipulación de la opinión pública.
Desde hace más de un año, el mandatario viene prometiendo que la inflación colapsaría de forma definitiva para mediados de 2026, a más tardar en agosto. En ninguna de aquellas oportunidades aclaró que se refería al sector mayorista, el cual carece de relevancia directa para la economía del hogar.
“Quiero decirles que la inflación a mitad del año que viene se va a terminar. La inflación tiene fecha de defunción y eso es a mitad del año que viene”, expresó en abril de 2025.
“Se los digo de vuelta: para mitad del año que viene en Argentina no va a haber más inflación”, reiteró en mayo de ese mismo año.
“Tenemos la inflación a la baja, la cual va a desaparecer a mitad del año que viene. La inflación va a ser problema del pasado”, sostuvo nuevamente en junio de 2025.
“Nosotros sabemos que para mitad del año que viene la inflación va a dejar de existir. ¿Podrá haber fluctuaciones? Sí. Podrá bajar más rápido o más lento en función de lo que hagan los degenerados fiscales, pero inexorablemente va a colapsar”, aseguró en julio del año pasado.
En diciembre de 2025 comenzó a correr el arco. “A mitad del año que viene, o agosto, la inflación va a converger a 0, y algo”.