Gladys inicia la temporada en libertad, dedicada a la crianza de Juan Pablo, su nieto, el hijo de Diosito. Pero su realidad como mujer ex convicta es precaria y sin horizontes. Por eso vuelve a delinquir, y regresa a la prisión de La Quebrada con una nueva condena. Ella no es la misma, y la cárcel tampoco, debe reencontrarse con las “embarradas” y renovar los vínculos. Tendrá que escalar posiciones en la disputa de poder del penal, ahora en manos del clan Casares. Y cuando en el exterior su nieto y única familia corre peligro, inventará una arriesgada estrategia para tomar cartas en el asunto y mantenerlo a salvo.