“Lo que nos vendieron como una conquista fue en realidad una estafa millonaria”, afirma la pieza, que presenta a las políticas de género impulsadas desde el Estado como un esquema que habría beneficiado a sectores militantes mientras los problemas estructurales que afectan a las mujeres, como la pobreza o la precarización laboral, continuaban agravándose.
También vinculan ese diagnóstico con la situación económica de los últimos años, al señalar que, mientras se ampliaban las estructuras estatales vinculadas a la agenda de género, el poder adquisitivo de la población se deterioraba como consecuencia de la inflación y la crisis económica.
Frente a ese escenario, el Gobierno defiende su actual orientación política y económica, basada en la reducción del gasto público, la estabilidad macroeconómica y la igualdad ante la ley como herramientas para mejorar las condiciones de vida de la población.
En ese sentido, el video plantea que el “verdadero homenaje” a las mujeres no consiste en ampliar estructuras estatales vinculadas a políticas de género, sino en consolidar un modelo basado en la libertad económica, el mérito individual y la seguridad.
Las desigualdades económicas continúan evidenciando una profunda brecha de género en Argentina, agravada por las políticas de ajuste y desregulación impulsadas por el gobierno de Javier Milei.
Un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) analizó los principales indicadores laborales y de ingresos, y advirtió que los varones perciben entre 27,3% y 29,0% más ingresos que las mujeres. La brecha se amplía aún más entre quienes trabajan en condiciones informales, donde alcanza el 40%.
Esta situación impacta directamente en la distribución de la pobreza. De acuerdo con el estudio, las mujeres representan el 64,2% de las personas con menores ingresos, una proporción que aumentó respecto del 61,4% registrado el año anterior. A medida que se asciende en los niveles de ingreso, la presencia femenina disminuye: en el decil de mayores ingresos, las mujeres representan apenas el 37%. Este fenómeno es lo que el informe define como “feminización de la pobreza”.
Las diferencias también se observan en la participación en el mercado de trabajo. La tasa de actividad femenina es del 52,6%, 17,5 puntos porcentuales por debajo de la de los varones, que alcanza el 70,1%.
En materia de empleo, la tasa de desocupación también es mayor entre mujeres: 7,4% frente al 5,9% de los varones, una diferencia de 1,5 puntos porcentuales.
La informalidad laboral presenta una tendencia similar. El 38% de las mujeres trabaja en condiciones informales, frente al 35,5% de los varones, lo que amplía aún más la brecha en términos de estabilidad laboral, acceso a derechos y protección social.
Uno de los factores centrales que explican estas desigualdades es la distribución del trabajo doméstico y de cuidados. Según el informe, las mujeres destinan en promedio tres horas más por día que los varones a tareas domésticas no remuneradas, lo que limita sus posibilidades de inserción y desarrollo en el mercado laboral.
La contracara: masculinización de la riqueza
El estudio también advierte que, mientras la pobreza se feminiza, la riqueza se concentra mayoritariamente en los varones. El 63% de las personas ubicadas en el sector de mayores ingresos son hombres.
Esta desigualdad también se refleja en el sistema tributario. Las mujeres representan el 32,8% de quienes tributan Bienes Personales y el 30% de quienes pagan Impuesto a las Ganancias, además de que el valor de sus patrimonios e ingresos suele ser menor que el de los varones. Según el informe, esto evidencia una profunda brecha patrimonial.