“Dado que el sarampión había sido prácticamente erradicado en el estado durante más de tres décadas, la población no está familiarizada con esta enfermedad y no comprende del todo la gravedad que puede alcanzar”, afirmó por su parte la secretaria de Salud del estado, Debra Bogen.
El pico de casos y las personas muertas por sarampión por primera vez en tres décadas son consecuencia del descenso de las tasas de vacunación y las políticas del secretario de Salud de Donald Trump, Robert F. Kennedy Jr., quien lleva décadas trabajando para desalentar el uso de vacunas.
Kennedy y Trump, quien emitió este mes un decreto en el que se pedía una reducción de las vacunas infantiles recomendadas, difundieron un falso vínculo, desmentido por pruebas científicas desde hace tiempo, entre las vacunas y el autismo.
Shapiro aseguró este martes que había hablado por teléfono con Kennedy en la mañana y que le fue “muy franco” en lo referente a la vacunación: “Dejé muy claro que sus acciones y la retórica proveniente de esta administración están teniendo un impacto negativo en las comunidades de todo Estados Unidos, y que difundir información errónea tiene consecuencias en la vida real”.
“Asustar a la gente y no recurrir a médicos y profesionales de la salud reales para ofrecer información imparcial a los padres tiene consecuencias en la vida real”, deslizó el gobernador. En los últimos años las tasas de vacunación cayeron por debajo de la cobertura del 95% necesaria para prevenir brotes.
La doctora Angela Dunn, exdirectora de una división de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC), consideró que el decreto de Trump no ayuda a restablecer la confianza en las vacunas que salvan vidas.
“Todos pensábamos que el brote de Texas y las muertes que se produjeron allí el año pasado serían una llamada de atención. Luego se produjeron los brotes en Carolina del Sur y Utah”, señaló Dunn. En 2025, tres personas fallecieron en un brote que comenzó en el oeste de Texas y se extendió a Nuevo México.