En un movimiento que confirma la tendencia de los últimos años en la industria, Deftones han vendido la mayor parte de sus derechos editoriales y royalties de grabación a Warner Music Group, según adelantó Billboard y recogió NME. El acuerdo, cerrado por cuatro de los cinco miembros del grupo, se estima entre 40 y 75 millones de dólares, y consolida a Warner como propietaria mayoritaria del catálogo de los de Sacramento.
La operación no sorprende en un contexto en el que artistas de distintas generaciones —de Bruce Springsteen a Bob Dylan, pasando por Stevie Nicks o Neil Young— han optado por monetizar sus catálogos en un mercado especialmente activo. Más recientemente, bandas como Slipknot o Pink Floyd han seguido la misma vía, reforzando un fenómeno que combina estrategia financiera, planificación patrimonial y control del legado artístico.
En el caso de Deftones, Warner ya poseía las grabaciones originales y ejercía como editora a través de Warner Chappell, por lo que el acuerdo refuerza una relación histórica que se remonta a los años 90. La banda publicó el pasado verano Private Music, su décimo álbum, recibido con entusiasmo por la crítica, destacando su enfoque expansivo y emocional.
El grupo mantiene además una intensa actividad en directo, con una gira europea que incluye Londres y un posterior salto a Australia y Nueva Zelanda junto a Interpol, antes de encabezar el All Points East presents Outbreak Fest junto a IDLES y Amyl & The Sniffers. Un calendario que confirma que, más allá de la venta de derechos, la banda sigue plenamente activa y en uno de sus momentos creativos más sólidos.
Durante más de treinta años, Deftones han desarrollado una de las carreras más singulares del rock contemporáneo. Surgidos de la escena alternativa de Sacramento a mediados de los noventa, debutaron con Adrenaline (1995), un disco que los situó en el mapa del metal alternativo sin encasillarlos del todo. Su consolidación llegó con Around the Fur (1997), donde la banda amplió su paleta emocional y sonora, un rasgo que se convertiría en su sello distintivo.
El salto definitivo se produjo con White Pony (2000), considerado por medios como Rolling Stone y Pitchfork uno de los discos clave de la década por su mezcla de agresividad, atmósferas etéreas y sensibilidad melódica. Desde entonces, la banda ha mantenido una trayectoria marcada por la experimentación constante, con trabajos como Diamond Eyes (2010) o Koi No Yokan (2012), que reforzaron su reputación como una de las formaciones más consistentes de su generación.
Su álbum más reciente, Private Music (2025), ha sido recibido como una síntesis madura de todo lo que define a Deftones: intensidad emocional, producción expansiva y un enfoque que rehúye las etiquetas. La crítica ha subrayado cómo la banda ha sabido evolucionar sin perder identidad, manteniendo un equilibrio poco habitual entre riesgo artístico y conexión con su base de seguidores.
En este contexto, la venta de derechos a Warner Music Group se entiende como un paso más en la gestión de un legado que ya forma parte de la historia reciente del rock alternativo.