El clásico “me tomo algo y se me pasa” puede esconder riesgos para la salud. La automedicación gana relevancia en Argentina, pero todavía faltan estudios que permitan medir con precisión el alcance del fenómeno. Una investigación de la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN) analizó 79 trabajos científicos publicados durante los últimos diez años y encontró que el hábito está relacionado con la búsqueda de alivio rápido, las dificultades para acceder a consultas médicas y la influencia de la publicidad y las redes sociales.
El trabajo fue realizado por Lucas Márquez, estudiante de Medicina de 23 años en la sede andina de la UNRN, en Bariloche. Para su revisión, partió de una búsqueda de unos 12.000 trabajos y seleccionó 79 para analizar. Una de las principales conclusiones fue la falta de investigaciones sólidas y comparables sobre la situación argentina.
“En Argentina encontré escasos estudios que permitan determinar con precisión la magnitud del problema”, explicó Márquez. Entre los antecedentes encontró un relevamiento realizado en Comodoro Rivadavia que registró automedicación en el 69,91% de la población estudiada. Sin embargo, ese porcentaje no puede extrapolarse al conjunto del país.
Los medicamentos que aparecieron con mayor frecuencia en los estudios fueron analgésicos, antigripales, antiácidos y antibióticos. Según el investigador, no existe una única causa que explique la práctica: también influye la disponibilidad de remedios en los hogares, las recomendaciones de familiares, las experiencias previas y la facilidad para encontrar información en internet o consultar herramientas de inteligencia artificial.
Cuando el alivio rápido puede agravar el problema
Las dificultades para conseguir turnos, las distancias hasta los centros de salud y las largas esperas también empujan a algunas personas a resolver los síntomas por su cuenta. A eso se suma una cuestión económica: quienes trabajan o estudian pueden intentar evitar una consulta para no perder horas de su jornada.
Pero tomar medicamentos sin la orientación adecuada puede tener consecuencias. La investigación identifica tres riesgos principales: reacciones adversas e intoxicaciones; el retraso en el diagnóstico de enfermedades; y la resistencia a los antimicrobianos. Un remedio puede aliviar temporalmente un síntoma sin tratar su causa y postergar la atención de un problema que requiere seguimiento profesional.
El peligro es especialmente relevante con los antibióticos. Utilizarlos cuando no son necesarios o de manera incorrecta contribuye a que las bacterias desarrollen resistencia, lo que dificulta tratar infecciones en el futuro. “Eso representa un riesgo individual, comunitario y global”, advirtió Márquez.
El investigador también alertó sobre los casos que observó durante sus rotaciones en el hospital público Ramón Carrillo de Bariloche, donde algunos pacientes llegaron con complicaciones renales o intestinales después de consumir medicamentos por su cuenta durante semanas.
La importancia de usar los medicamentos de manera responsable
La automedicación no implica siempre lo mismo. No es igual utilizar correctamente un medicamento de venta libre para una molestia leve que consumir por cuenta propia un fármaco que requiere receta, modificar las dosis o prolongar un tratamiento sin indicación. Por eso, los especialistas distinguen entre la automedicación responsable y la autoprescripción de medicamentos que necesitan supervisión profesional.
La investigación plantea la necesidad de mejorar la información disponible, promover el uso adecuado de los fármacos y ampliar los estudios sobre esta práctica en el país. Sin datos nacionales actualizados, resulta difícil dimensionar el problema y diseñar políticas específicas para prevenir sus consecuencias.
Mientras tanto, ante síntomas persistentes, reacciones adversas o dudas sobre dosis e interacciones, la recomendación es consultar a un profesional de la salud y no repetir tratamientos anteriores por cuenta propia.