El escritor también se refirió a su particular relación con el mundo académico y aseguró sentirse “un poco farsante” e “impostor” frente al reconocimiento, justamente porque su recorrido profesional no estuvo ligado exclusivamente a la universidad. Sin embargo, reivindicó el lugar de la institución como espacio de encuentro, aprendizaje y producción de conocimiento.
“Por eso nos encontramos en una universidad pública, pues aquí se recibe, pero también se entrega”, sostuvo Dolina. En esa línea, destacó la posibilidad de generar allí momentos de “reflexión”, “cariño” y “comunión”, y defendió la importancia de que existan espacios destinados a estudiar, intercambiar ideas y formarse.
Su defensa de la educación pública tuvo además una definición particularmente filosa. “Quienes administran los Estados nacionales deberían comprender que, en materia educativa, es preferible impulsar la creación de universidades y colegios antes que la de parrilladas”, afirmó, fiel a su estilo, utilizando el humor para plantear una reflexión sobre las prioridades de las políticas públicas.
El reconocimiento llega en medio de un escenario de fuerte tensión entre las universidades nacionales y el Gobierno de Javier Milei por el financiamiento del sistema universitario. En agosto, la Justicia convocó a representantes del Ejecutivo, la UBA y el Consejo Interuniversitario Nacional para intentar destrabar el conflicto por la aplicación de la Ley de Financiamiento Universitario.
El homenaje terminó con un conversatorio entre Dolina y el escritor y psicólogo Gabriel Rolón, en un encuentro que combinó literatura, música, humor y reflexiones sobre el paso del tiempo. Así, una de las voces más reconocibles de la cultura argentina recibió el máximo reconocimiento académico de la UBA y aprovechó la ocasión para reivindicar el valor de la universidad pública.