La banda creció en popularidad con letras prácticamente indescifrables, salidas de un cerebro único como era el del Indio Solari. La madurez de los años 90 trajo producciones más complejas y masivas: el álbum doble La mosca y la sopa en 1991 incluyó himnos definitivos como Mi perro Dinamita, consolidando un fervor popular inédito en el país que atravesó generaciones enteras. Luego llegaron los experimentales y conceptuales Lobo suelto / Cordero atado en 1993 y Luzbelito en 1996, donde el Indio profundizó sus líricas oscuras y metafóricas.
Hacia el final de la década, la banda dio un vuelco drástico hacia la electrónica, el sampleo y los sonidos industriales con Último bondi a Finisterre en 1998 y Momo Sampler en 2000, trabajos que dividieron las aguas entre los fanáticos pero demostraron su obsesión por no estancarse. La música cambiaba y Los Redondos también hicieron la prueba de adaptarse para hacer otro tipo de música.
El final del grupo llegó de manera abrupta en el año 2001, poco después de un masivo recital en el Estadio Chateau Carreras de Córdoba. hoy Mario Alberto Kempes. Lo que parecía un parate temporal terminó siendo una separación definitiva debido a desgastes internos y, fundamentalmente, a una fuerte disputa por la custodia del material audiovisual grabado en vivo a lo largo de los años.
El quiebre entre el Indio Solari y Skay clausuró la historia de la banda en la cumbre de su popularidad, dejando un vacío enorme y dividiendo el corazón de una de las tribus urbanas más fieles del continente.
Tras unos años de silencio y expectativa, el Indio Solari reapareció en la escena en 2004 con el lanzamiento de El tesoro de los inocentes (Bingo Fuel), su primer álbum solista.
En su discografía solista aparecen discos como El tesoro de los inocentes [Bingo Fuel] (2004), Porco rex (2007), El perfume de la tempestad (2010), Pajaritos, bravos muchachitos (2013), El ruiseñor, el amor y la muerte (2018).
Para defender este nuevo material, el cantante armó una imponente banda de sesionistas de primer nivel a la que bautizó como Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado. Con este nuevo proyecto, el Indio demostró que su poder de convocatoria seguía intacto, trasladando la mística de los viejos tiempos a estadios de todo el interior del país, donde los recitales se transformaron en masivos éxodos rituales y el pogo de Jijiji mantuvo su título como el más grande del mundo.