Tras la renuncia de Reidel, se destapó la olla en Nucleoeléctrica: sobreprecios, despidos y «clima de terror»
Por Patricio da Torre
La crisis que atraviesa Nucleoeléctrica Argentina (NASA) tras la salida de Demian Reidel dejó al descubierto una trama de denuncias internas, desplazamientos sin sumario y contrataciones bajo sospecha. De acuerdo con testimonios de diez fuentes calificadas de la empresa y con información publicada por Ámbito, durante la gestión del físico —integrante del círculo cercano del presidente Javier Milei— se habrían producido presiones sistemáticas sobre gerentes de carrera que se negaban a avanzar en procesos que consideraban irregulares.
Las sospechas se concentran en dos contratos puntuales: uno vinculado al servicio de limpieza, que registraría un sobreprecio del 140%, y otro referido a la adquisición de un sistema de gestión administrativa valuado en 7 millones de dólares, cifra que representaría más de un 1000% por encima del costo del software ya utilizado por la compañía y que cumple las mismas funciones. Las denuncias fueron impulsadas por el gerente de Atucha I y II, Juan Pablo Nolasco Sáenz, y por la Asociación Trabajadores del Estado (ATE), a través del ingeniero y delegado Ernesto Simionato.
Dentro de la empresa, el diagnóstico es contundente. “Esto no se vio nunca”, repiten distintas voces consultadas. Una de ellas fue más lejos y aseguró que “Reidel y su gente armaron un grupo que vino a Nucleoeléctrica a intentar hacer caja tanto por medio de licitaciones como con la plata de NASA, que era colocada en fondos de inversión para hacer dinero”, y agregó que, en los primeros meses, “estuvieron un par de meses tratando de ver si los gerentes que estaban en la línea de pagos y de compras eran permeables”, ya que “querían ver si podían contar con ellos para llevar a cabo compras direccionadas y con sobreprecios”. Según ese mismo testimonio, cuando esos gerentes plantearon diferencias “porque no querían quedar envueltos en ningún tipo de escándalos, directamente los echaron para poner gente de ellos”.
El punto de inflexión habría llegado en agosto de 2025, cuando se desarrolló una auditoría interna a menos de tres meses de la asunción de Reidel. Lo que inicialmente se presentó como una instancia para detectar mejoras terminó, según los relatos, exponiendo tensiones crecientes. Un ingeniero con más de veinte años en la compañía describió que comenzaron a registrarse demoras en pagos y contrataciones que afectaban la operatividad: “Básicamente, repuestos que no llegaban, servicios que no se contrataban a tiempo, etcétera”.
Con el correr de los meses, cinco gerentes de áreas clave —Finanzas, Sistemas, Compras, Legales y Logística— fueron desplazados sin sumario. Cuatro de ellos contaban con más de dos décadas de trayectoria. Otra fuente aseguró que el equipo directivo tardó “tres o cuatro meses” en comprender el circuito de contrataciones y pagos y que luego “tomaron la decisión de echar sin sumario a los gerentes de carrera y se quedaron con esas gerencias para hacer negocios. Fue algo brutal”. Según su relato, cuando algún responsable técnico objetaba pedidos de compra que consideraba improcedentes, “lo tomaban a mal y comenzaba la presión”.
En los testimonios recopilados por el portal Ámbito, aparecen de manera reiterada los nombres de Hernán Pantuso y Marcelo Famá, señalados como ejecutores directos de las decisiones atribuidas a Reidel. Sobre el primero, un empleado que asegura haber padecido esas presiones afirmó que “era alguien autoritario que si no le rendías pleitesía ponía, por ejemplo, a un contador en el lugar que ocupaba un ingeniero”. Tras los desplazamientos, agregó otro ingeniero que aún se desempeña en la empresa, “se implantó un clima de terror porque te podían echar si no aceptabas hacer lo que ellos mandaban aunque no fuera legal”.
La denuncia que detonó la crisis institucional ingresó el 5 de enero a la Comisión de Integridad de NASA. En su presentación, Nolasco puso el foco en el contrato de limpieza adjudicado a LX Argentina y detalló una visita de cuatro horas realizada a la administradora del contrato por personal que, según sostuvo, no tenía competencia en la auditoría de ese proceso. A su entender, ese accionar “podría interpretarse como un accionar intimidatorio hacia el área y hacia la persona responsable de la Administración del Contrato”, en medio de la evaluación de una oferta que implicaba “el reconocimiento de un costo de más del doble del actual”.
El gerente también cuestionó la llamada “nueva forma de contratación” implementada durante esa etapa y advirtió que “se debe evaluar si los requisitos adicionales establecidos no significan barreras de ingreso de oferentes o direccionamiento a un reducido número de los mismos”. En paralelo, Famá fue señalado por solicitar que el análisis económico se realizara sin considerar el costo vigente del servicio, lo que, según la presentación, implicaría desconocer un procedimiento habitual tanto en el ámbito público como privado.
Simionato, con 30 años en la compañía, vinculó los desplazamientos con el objetivo de avanzar en determinadas contrataciones y sostuvo que “no estamos hablando de un desvío de un 10 o 20 por ciento, sino de un 140 por ciento. Una obscenidad total”. Además, reclamó que las denuncias no queden limitadas al plano administrativo y afirmó que “esto no puede quedar acá, hay que presentar una denuncia penal. No puede ser gratuito lo que hicieron”.
Mientras tanto, una auditoría interna revisa cada uno de los contratos celebrados durante la gestión de Reidel. Dentro de la empresa conviven posturas contrapuestas: algunos consideran que se trata de un procedimiento formal sin mayores consecuencias, mientras que otros creen que podrían surgir nuevos hallazgos. Lo cierto es que, para quienes atravesaron ese período desde adentro, el nivel de conflictividad no tiene antecedentes recientes en una compañía históricamente caracterizada por su perfil técnico y su estabilidad institucional.





