En este sentido, De Pablo ironizó en que, llegado el caso, no podrán culpar a Milei por habérsela «jugado» por Trump, y argumentó: «Siempre tenés el dilema entre los beneficios y los riesgos, es inevitable».
En un acto cargado de simbolismo teórico, el presidente Javier Milei encabezó un homenaje a Adam Smith en el Palacio Libertad, utilizando el legado del economista escocés para ratificar la necesidad de su reforma laboral. El evento, que conmemoró los 250 años de «La riqueza de las naciones», sirvió como plataforma para que el mandatario explicara la lógica detrás de la modernización y flexibilización del mercado de trabajo que impulsa su gestión.
Milei calificó a Smith como un «gigante» a la altura de Newton y rescató el concepto de la división del trabajo a través del clásico ejemplo de la fábrica de alfileres. Según el Presidente, la productividad es la única salida a la «miseria natural» del hombre, y vinculó esta idea directamente con las políticas actuales del Gobierno.
«Se necesitaba una modernización y flexibilización laboral para que no haya sufrimiento en el proceso de reasignación de empleo. La división del trabajo incrementa la productividad, a pesar de todas las estupideces que se dicen hoy», sentenció el mandatario.
El Jefe de Estado también aprovechó para desestimar las visiones pesimistas sobre el mercado laboral. Argumentó que si la tecnología o el crecimiento poblacional destruyeran el empleo de forma neta, «la tasa de desempleo hoy debería ser del 90%».
Para Milei, el proceso de destrucción creativa (donde un producto nuevo reemplaza a otro) requiere de un mercado laboral ágil para reubicar a los trabajadores de manera eficiente.
Al cierre, Milei reivindicó la «mano invisible» entendida como un orden espontáneo donde el interés individual conduce al bienestar general. Fiel a su estilo, marcó una línea histórica de 250 años de vigencia del pensamiento liberal frente a lo que denomina «ideas mercantilistas» que aún persisten en la discusión política actual.