Sánchez insistió en que la posición española es clara: “no a la guerra”. También afirmó que el Gobierno mantendrá la misma línea que adoptó ante otros conflictos recientes y remarcó que España no será “cómplice” de decisiones que, a su juicio, vulneran la legalidad internacional. “No vamos a actuar por miedo a represalias de nadie”, lanzó, en una alusión implícita al mandatario norteamericano.
El jefe del Ejecutivo español recordó además la experiencia de la guerra de Irak y advirtió sobre las consecuencias de intervenciones militares justificadas bajo argumentos que luego no se sostienen. Según planteó, aquella ofensiva terminó generando más inestabilidad, terrorismo y crisis humanitarias en Europa.
En su mensaje, también apuntó contra los líderes que, según dijo, “utilizan el humo de la guerra” para encubrir fracasos internos o beneficiar intereses económicos. Alertó sobre el impacto que una escalada prolongada podría tener en la economía global, especialmente en los precios de la energía.
El conflicto diplomático entre Estados Unidos y España se profundizó después de que el gobierno de Sánchez rechazara lo que considera una violación del derecho internacional tras la ofensiva militar que dejó más de 700 muertos en territorio iraní, incluido el líder supremo Alí Jameneí, y que fue respondida con misiles dirigidos a Israel y a bases estadounidenses en la región.
En contraposición, la Comisión Europea expresó su respaldo a los compromisos asumidos por el bloque y transmitió confianza en que Estados Unidos actuará conforme a los acuerdos vigentes con la Unión Europea, un gesto interpretado como apoyo a la posición española.
Sánchez cerró su intervención con un llamado a un cese inmediato de hostilidades y a retomar la vía diplomática. “No podemos jugar a la ruleta rusa con el destino de millones de personas”, advirtió. Y dejó planteado el eje de su respuesta a Trump: la discusión, dijo, no pasa por simpatías ideológicas sino por decidir si se está “del lado de la legalidad internacional y, por tanto, de la paz”.