En medio de su disertación, el “Messi de las finanzas”, tras varias filminas, pareció no encontrar otra forma de pedir que los argentinos saquen sus ahorros del colchón y los vuelquen al sistema.
Entonces apeló a su argumento más directo. Sostuvo que, en definitiva, los propios ahorristas son los responsables de que la economía vuelva a funcionar.
Para el titular del Palacio de Hacienda, el estancamiento no es el resultado de la caída del consumo ni de las políticas económicas, sino de quienes prefieren resguardarse en dólares frente a la incertidumbre.
Según su diagnóstico, la recuperación depende de que esos dólares vuelvan al sistema financiero para generar crédito. En otras palabras, si la economía no arranca, la explicación no estaría en el plan económico sino en los ahorros que siguen fuera del sistema.
Para Caputo, la desconfianza no tiene que ver con las crisis económicas o las promesas incumplidas, sino con una idea instalada que, según él, debe cambiar.
“Yo necesito que incorporen esto en sus cabecitas y que desoigan a los que les dicen: ‘No confío porque vienen los otros de vuelta’”, insistió, en referencia a quienes dudan en ingresar sus dólares al sistema.
Incluso bromeó sobre los controles de los bancos para facilitar el ingreso al blanqueo: “Ustedes van a un banco y les siguen rompiendo los cocos pidiendo cosas que no les tienen que pedir. Por eso pusimos a competir a las ALIC”.
En la mirada del ministro, la economía no depende tanto de aumentar la producción, sino de que los ahorristas cambien su comportamiento y vuelquen sus dólares al sistema.
En el mismo tono con el que defendió su plan económico, Caputo también se metió en la política y volvió a atribuir la incertidumbre económica a los gobiernos anteriores, como si no hubiera sido parte central del gobierno de Mauricio Macri ni llevara ya dos años al frente del Ministerio de Economía.
“El riesgo kuka no existe porque yo creo que hay cero probabilidad de que el kirchnerismo vuelva. Cero. Va a ser un papelón de elección el año que viene”, presagió el mismo funcionario que en 2017 emitió el bono a cien años y, poco después, se fue a descansar a las playas de Brasil, dejando al país con una deuda que compromete a varias generaciones.