La radio argentina cumple 106 años: de ‘Los Locos de la Azotea’ al streaming
Este jueves, la radiofonía argentina celebra 106 años de historia. La fecha recuerda una noche de agosto de 1920 en la que un pequeño grupo de jóvenes se animó a llevar adelante una experiencia que, sin saberlo, marcaría un antes y un después en la comunicación.
El 27 de agosto de 1920, desde la terraza del Teatro Coliseo de Buenos Aires, Enrique Telémaco Susini, César José Guerrico, Luis Romero Carranza y Miguel Mujica realizaron la primera transmisión radial con continuidad temporal del país. Con el tiempo serían conocidos como “Los locos de la azotea”.
Aquella emisión comenzó alrededor de las 21 y tuvo como protagonista a Parsifal, la ópera de Richard Wagner. El equipamiento utilizado era rudimentario: un transmisor de apenas cinco vatios, una antena instalada en la terraza y un micrófono adaptado. Se estima que entre 50 y 100 personas pudieron escuchar aquella primera transmisión.
Lo que comenzó como un experimento de radioaficionados se transformaría rápidamente en una nueva forma de comunicación y entretenimiento. A partir de aquella experiencia nació Radio Argentina, considerada la primera emisora del país.
Susini, Guerrico, Romero Carranza y Mujica eran estudiantes de Medicina de la Universidad de Buenos Aires y tenían interés por los avances tecnológicos vinculados con la telegrafía sin hilos y las experiencias que se desarrollaban en torno a las comunicaciones por radio.
Inspirados por los avances de la época, consiguieron construir y adaptar los elementos necesarios para realizar sus propias pruebas. El resultado fue aquella transmisión desde el Teatro Coliseo, que permitió que un espectáculo que estaba ocurriendo en Buenos Aires pudiera ser escuchado a distancia.
El episodio tuvo además una particularidad: no se trató simplemente de una prueba técnica aislada, sino de una transmisión que se extendió durante varias horas y que dio continuidad a la programación. Por eso es considerada un acontecimiento pionero en la historia mundial de la radiodifusión.
Después de aquella primera emisión, la radio comenzó a expandirse y a incorporar nuevos contenidos. Durante sus primeros años estuvo vinculada principalmente con la música y la cultura, pero progresivamente fue incorporando información, deportes, ficción, humor y entretenimiento.
En 1922 apareció Radio Cultura, mientras que durante la década siguiente surgieron emisoras que se convertirían en nombres históricos de la radiofonía argentina, como Radio Belgrano, Radio Splendid y Radio El Mundo. Para mediados de la década de 1930 ya funcionaban cerca de veinte emisoras en distintos puntos del país.
La radio comenzó así a ocupar un lugar central en la vida cotidiana de los argentinos. El radioteatro, los programas musicales, los noticieros y las transmisiones deportivas encontraron en este nuevo medio una vía para llegar a miles de hogares.
Con el crecimiento de la actividad radiofónica aparecieron nuevos géneros y figuras que marcaron generaciones.
El periodismo encontró en la radio una herramienta para transmitir información prácticamente en tiempo real. En 1927, Enrique Pedro Maroni comenzó a leer noticias de La Prensa frente al micrófono de Radio Splendid, en uno de los antecedentes de los formatos informativos que luego se volverían habituales.
El deporte también encontró allí uno de sus grandes escenarios. Los relatos de partidos y las voces de los relatores permitieron que millones de personas pudieran seguir acontecimientos que se desarrollaban lejos de sus hogares.
Al mismo tiempo, el radioteatro convirtió a la imaginación en protagonista. Historias vinculadas con las tradiciones, el folclore, el amor y diferentes situaciones de la vida cotidiana lograron captar a grandes audiencias.
La historia de la radio no quedó detenida en sus primeras décadas. El desarrollo tecnológico permitió la aparición de nuevas formas de transmisión y, posteriormente, la expansión de la frecuencia modulada (FM).
En Argentina, la primera radio FM fue inaugurada en Córdoba en 1967, con el objetivo de reducir las alteraciones del sonido producidas por las interferencias atmosféricas. A partir de entonces, las emisoras de FM comenzaron a multiplicarse por todo el país.
La radio volvió a demostrar así una de sus principales características: su capacidad para adaptarse a los cambios tecnológicos sin perder su esencia.
Durante décadas, la radio acompañó a las familias desde grandes receptores hogareños, luego desde pequeños transistores que podían trasladarse a cualquier lugar y, más adelante, desde los equipos instalados en automóviles.
Pero la transformación tecnológica más profunda llegó con Internet.
La radio dejó de depender exclusivamente de las ondas de AM o FM y comenzó a transmitirse también por streaming. Los programas pudieron ser escuchados desde computadoras, teléfonos celulares y otros dispositivos, incluso desde lugares alejados de la ciudad donde se encontraba la emisora.
La propia evolución de Internet permitió además que los oyentes dejaran de ser solamente receptores. Las llamadas telefónicas primero y las redes sociales, mensajes y plataformas digitales después fueron incorporando nuevas formas de participación.
A 106 años de aquella primera transmisión, la radio continúa ocupando un lugar particular entre los medios de comunicación.
Cambió la tecnología, cambiaron los formatos, aparecieron nuevos dispositivos y surgieron múltiples plataformas para acceder a la información y al entretenimiento. Sin embargo, la esencia permanece: una voz que llega hasta el oyente y que construye un vínculo basado en la compañía, la cercanía y la imaginación.
Aquellos cuatro jóvenes que instalaron un rudimentario transmisor en la terraza del Teatro Coliseo no podían imaginar la dimensión que alcanzaría su experimento. Su aventura dio origen a una de las historias más importantes de la comunicación argentina.
Desde aquella noche del 27 de agosto de 1920, la radio atravesó generaciones, contó noticias, transmitió partidos, acompañó madrugadas, llevó música a millones de hogares, dio lugar a debates y se convirtió en una compañía cotidiana.
Más de un siglo después, sigue haciendo aquello que comenzó a hacer desde aquella azotea: conectar voces con personas, incluso cuando están a kilómetros de distancia.




