La fiscal porteña Celsa Ramírez imputó a un total de once militantes digitales —identificados como la tropa de choque de Santiago Caputo— por los delitos de amenazas, instigación a cometer delitos e incitación a la violencia.
La causa se originó luego de que estos usuarios difundieran de forma masiva el número celular personal de Pareja en la red social X (ex Twitter), lo que desató una catarata de intimidaciones contra el dirigente.
Ayer, la tensión escaló un peldaño más cuando la fiscalía dictó restricciones de contacto sobre dos de los imputados. La decisión no solo busca proteger la integridad de Pareja, sino que funciona como un golpe directo al corazón del dispositivo de comunicación libertario, acostumbrado a operar en un limbo legal bajo el ala del «Triángulo de Hierro».
La reacción en el búnker digital no se hizo esperar. Referentes como Daniel «El Gordo Dan» Parisini intentaron blindar a sus dirigidos apelando a la victimización, calificando la movida de Pareja como una traición «poco inteligente».
Sin embargo, la fractura es estructural: mientras el sector de Santiago Caputo apuesta por la agresividad en redes, el «karinismo» —representado por Pareja en la Provincia de Buenos Aires— busca institucionalizar el partido barriendo con lo que consideran «anárquicos digitales».
Lo que el oficialismo vende como una discusión de «modelo» es, en realidad, una feroz lucha por la caja y los cargos de cara a las próximas elecciones. «Las trompadas nos las tenemos que meter ahora», justificó cínicamente Parisini en su programa de streaming. Pero lo que comenzó como un intercambio de tuits ya tiene olor a expediente judicial.
Mientras sus «soldados» son citados a indagatoria, el presidente Javier Milei ha optado por un silencio ambivalente, aunque sus retuiteos a figuras enfrentadas con los tuiteros —como la diputada Lilia Lemoine— sugieren que la purga podría haber comenzado.
«Javier echó a los pibes de la Plaza», comentan con dramatismo desde Las Fuerzas del Cielo, trazando un paralelismo casi grotesco con la historia del peronismo que tanto dicen aborrecer.
La judicialización de la interna libertaria deja al descubierto la precariedad de un movimiento que, ante la falta de resultados económicos tangibles para la clase media, comienza a devorarse a sí mismo en una espiral de odio, perimetrales y traiciones.