“En mi infancia tenía inquietudes, como la edad avanzada de mi apropiadora. Yo nací en 1980 y ella tenía 50 años en ese momento. Lógicamente, no era posible”, comenzó Amarilla Molfino. “Después se dieron otras cosas que no tenían que ver con el círculo cerrado de esa casa, cosas iniciadas desde Abuelas de Plaza de Mayo que decidieron interpelar a los jóvenes de nuestra generación”, agregó sobre el momento en el que decidió acercarse a la organización para resolver las dudas acerca de su identidad.
“Yo rondaba los veinte años y a mi lo que me despertó el acercamiento fue un capítulo de la serie Televisión por la identidad. Después de verlo, me acerqué a Abuelas a ver si yo podía ser uno de los casos”, recordó. Pero cuando se hizo la primera prueba genética, el resultado dio negativo. “En el momento del secuestro, mi mamá tenía un embarazo de un mes aproximadamente. Por lo tanto, ni siquiera ella posiblemente lo sabía. Al hacerse el primer cotejo, en 2007, no había ningún integrante de la familia que había dejado una muestra de sangre buscándome porque nadie sabía del embarazo de mi mamá, menos de mi existencia”, remató.
“A los dos años, en 2009, se resuelve el caso gracias al testimonio de una sobreviviente de Campo de Mayo”, recordó Amarilla Molfino en relación al Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio en el que estuvo su madre. “Se comunicaron conmigo desde la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CONADI); me dijeron que mis hermanos me estaban esperando en la Casa de Abuelas y si me gustaría conocierlos. Claro que sí, contesté”, dijo y luego agregó que lo esperaban “como 30 chaqueños”, en relación a la provincia oriunda de su familia.
“Conectamos muy rápidamente con ellos; abrazos para siempre. Empezamos a desarrollar el vínculo y hasta el día de hoy seguimos abrazados”, aseguró Amarilla Molfino, quien se puso el apellido de sus padres, una vez que recuperó su identidad. “Lo primero que hice fue cambiarme el apellido. Mi apropiador era del Batallón 601 de Inteligencia del Ejército: el mismo que desapareció a mis padres. No sabía que hacer con el nombre, hasta que cuatro años más tarde me puse el de mi padre”, confió.