La explicación científica de este fenómeno se basa en el proceso conocido como dispersión de Rayleigh. Cuando el Sol se encuentra muy cerca del horizonte al amanecer o al atardecer, sus rayos deben recorrer una capa mucho más gruesa de la atmósfera.
En ese trayecto prolongado, las longitudes de onda más cortas —correspondientes a los azules y violetas— se dispersan fuera de la línea de visión, permitiendo que predominen las longitudes de onda más largas, como los amarillos, naranjas, rojos y rosados.
En el caso particular de Changzhou, el fenómeno se potenció por una atmósfera extremadamente húmeda previa a una irrupción severa de mal tiempo. Las gotas de agua y las partículas presentes en el aire modificaron la forma en que la luz se reflejó entre las distintas capas nubosas.
Tal como señala la oficina meteorológica británica (Met Office), si bien las gotas que componen una nube dispersan todas las longitudes de onda de la luz, al amanecer reciben de manera predominante el flujo rojizo procedente del horizonte.
La postal colorida funcionó como el preludio de condiciones meteorológicas adversas. Unos veinte minutos después de que el cielo recuperara su tono habitual, varios sectores de la ciudad comenzaron a registrar precipitaciones de alta intensidad.
El Servicio Meteorológico local había emitido previamente una alerta amarilla ante la previsión de acumulados superiores a los 100 mm en seis horas. Los registros oficiales terminaron confirmando la magnitud del evento: entre el 30 y el 31 de agosto, el promedio acumulado alcanzó los 57 mm, con picos extremos de hasta 150 mm en zonas como Henglin.
Además, en puntos específicos como Weicun se midieron 61,1 mm en apenas una hora, una tasa pluviométrica que saturó los sistemas de drenaje y provocó anegamientos urbanos.
Desde el Laboratorio de Monitoreo Global de la NOAA recuerdan que, si bien existe una creencia popular que vincula los cielos rojos con la llegada inminente de tormentas, el color por sí mismo no es un indicador infalible, ya que depende de la posición solar y de la presencia de aerosoles. Sin embargo, en esta ocasión excepcional, la luz del amanecer y la inminencia de un sistema de baja presión convergieron para regalar un breve cielo rosa que anticipó con precisión el rigor del temporal.