Notas De Autor

Dos elecciones claves en una América Latina en disputa

Por Oscar Laborde

Director del Instituto de Estudios de América Latina

Este domingo Colombia irá a las urnas para decidir si continúa el proceso político iniciado por Gustavo Petro o si la derecha recupera el poder. Una semana después, el 6 de junio, Perú volverá a mostrar otra confrontación decisiva entre proyectos antagónicos: la izquierda representada por Roberto Sánchez y la derechista Keiko Fujimori, hija del exdictador condenado Alberto Fujimori, que busca alcanzar la presidencia por cuarta vez.

Las elecciones en ambos países vuelven a poner en escena la disputa abierta que atraviesa América Latina. Una región que entre comienzos de los años 2000 y 2015 vivió su momento más virtuoso, un ciclo de gobiernos populares, progresistas y de izquierda, luego interrumpido por el avance de proyectos conservadores, golpes institucionales y ofensivas judiciales y mediáticas.

La derrota del peronismo en Argentina en 2015 y la destitución de Dilma Rousseff en Brasil parecían anunciar una ola conservadora permanente. Sin embargo, esa consolidación nunca terminó de producirse y el progresismo consiguió victorias importantes en México, Colombia y la recuperación de los gobiernos en Brasil, Uruguay y Bolivia

Los proyectos de derecha no lograron construir estabilidad política duradera y, al mismo tiempo, los sectores populares conservaron capacidad de resistencia y recuperación. Aunque al no realizar cambios profundos en varias elecciones el pueblo le dio la espalda y votó expresiones de ultraderecha.

Esta inestabilidad revela una dificultad más profunda: ni la ultraderecha, ni la derecha tradicional, ni tampoco los proyectos progresistas logran consolidar plenamente la confianza social en la región.

Al mismo tiempo, las experiencias recientes muestran que cuando la derecha llega al gobierno e intenta avanzar sobre derechos sociales y conquistas históricas, rápidamente aparecen resistencias populares. Las protestas en Chile, Bolivia y Argentina son parte de esa dinámica.

En Colombia, el oficialismo busca sostener y profundizar las transformaciones iniciadas por Gustavo Petro el candidato Iván Cepeda es quien representa esa continuidad, apoyándose en indicadores sociales que muestran una reducción de la pobreza, una baja histórica del desempleo y avances en la reforma agraria mediante la compra y distribución de tierras a campesinos.

También se destacan políticas vinculadas a la transición energética y la defensa ambiental impulsadas por el actual gobierno. Sin embargo, Petro ha enfrentado una oposición feroz encabezada por sectores conservadores ligados al expresidente Álvaro Uribe, todavía muy influyente dentro de la política colombiana y además la provocación producida de Ecuador en la frontera alentada evidentemente por Estados Unidos.

En Perú, la confrontación también enfrenta dos proyectos profundamente opuestos. Roberto Sánchez, dirigente de izquierda y exfuncionario del gobierno de Pedro Castillo, quien fuera destituido por un golpe de estado. La posibilidad de su candidatura expresa, en parte, que amplios sectores sociales consideran que a Castillo no se le permitió gobernar plenamente.

Perú muestra además una característica funcional a los grandes grupos económicos: gobiernos permanentemente debilitados, desprestigiados y perseguidos judicialmente, mientras los intereses económicos centrales permanecen intactos. Desde Fujimori hasta hoy, prácticamente todos los presidentes peruanos terminaron presos, prófugos o procesados. Alan García incluso se suicidó antes de ser detenido. Llamativamente jamás un empresario fue convocado a declarar, es decir si hubo corrupcion de los políticos no aparecen los empresarios que tienen que haber este hecho funcional a esa corrupción aportando dinero indebidamente.

Sin embargo, esa enorme inestabilidad política no afecta la continuidad de los negocios extractivistas, especialmente vinculados a la minería. La verdadera estabilidad del sistema parece residir en los sectores financieros y económicos concentrados. No casualmente, el presidente del Banco Central peruano lleva más de dos décadas en su cargo.

En estas elecciones, como también ocurrió en Honduras y Argentina, vuelve a observarse una creciente injerencia de Estados Unidos y particularmente del trumpismo en América Latina. Washington, consciente de su debilitamiento relativo en el escenario global, busca recuperar influencia regional impulsando gobiernos completamente alineados a sus intereses.

América Latina vuelve así a ser escenario de una disputa abierta, donde ningún proyecto político logra todavía consolidar una hegemonía estable y donde los pueblos continúan resistiendo frente a los intentos de retroceso social y político.

A construir en amplios sectores de la sociedad, un respaldo categórico y una voluntad colectiva de transformación.

Redacción Somos Citrica

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