La historia de López había comenzado mucho antes de su segunda desaparición.
El 27 de octubre de 1976 fue secuestrado durante la última dictadura. Permaneció detenido y fue torturado en distintos centros clandestinos vinculados al denominado Circuito Camps, hasta recuperar la libertad en 1979.
Con la reapertura de los juicios por delitos de lesa humanidad, López volvió a declarar ante la Justicia y su testimonio fue fundamental para reconstruir los crímenes cometidos por el aparato represivo bonaerense y señalar a Miguel Etchecolatz como uno de sus responsables.
Su desaparición ocurrió precisamente el día en que se desarrollaban los alegatos y se conocía el veredicto del juicio contra el ex comisario, que terminó condenado a prisión perpetua. López debía asistir a esas instancias, pero nunca llegó.
Veinte años sin saber qué pasó
Desde aquel 18 de septiembre de 2006, distintas líneas de investigación intentaron establecer qué ocurrió con López. Ninguna permitió hasta ahora determinar su paradero ni identificar judicialmente a los responsables de su desaparición.
Su hijo, Rubén López, volvió a hablar este viernes y sostuvo que una de las líneas que se está revisando actualmente apunta a millones de comunicaciones telefónicas registradas durante aquella jornada. Según explicó, los investigadores trabajan sobre unos 10 millones de llamadas para depurar información acumulada durante dos décadas.
Rubén también señaló que la principal hipótesis familiar continúa vinculada con represores que habían sido señalados por su padre, aunque aclaró que no existen elementos concretos que permitan confirmar esa posibilidad. “De ahí a comprobarlo, corroborarlo, encontrar una pista o un testigo estamos lejos”, sostuvo.
Una recompensa que vuelve a poner el caso en el centro
La Provincia había establecido originalmente una recompensa por información sobre López en 2006 y el monto fue actualizado en distintas oportunidades. El decreto firmado en junio de este año estableció que la recompensa podía llegar hasta $10 millones, de acuerdo con la naturaleza y los resultados de la información aportada.
Ahora, en el vigésimo aniversario, esa recompensa vuelve a ocupar el centro de la escena.
Pero detrás de los $10 millones permanece la pregunta que atraviesa estas dos décadas: qué ocurrió con Jorge Julio López después de salir de su casa aquel 18 de septiembre de 2006 y quiénes fueron responsables de que un sobreviviente y testigo clave de los crímenes de la dictadura desapareciera nuevamente, esta vez en democracia.