Política

Psywar: cómo fue la guerra psicológica que usaron los británicos contra nuestros soldados

Una serie de documentos secretos desclasificados por el Ministerio de Defensa británico muestran la guerra psicológica («Psywar») que emprendió a comienzos de la guerra para socavar la moral de los jóvenes soldados que Argentina había enviado a las Islas Malvinas.

«Este material sale a la luz sólo ahora porque acaban de transcurrir los 35 años requeridos por la ley para que pueda difundirse», explicaron en los Archivos Nacionales de Londres a los periodistas de la BBC que inicialmente publicaron esta información.

Se trata de una carpeta que contiene 189 páginas de documentos etiquetados como «ultrasecretos», bajo la referencia DEFE 24/2254.En ellos se revelan los pormenores de la planificación, la puesta en marcha -con ejemplos- y las lecciones aprendidas de las actividades de guerra psicológica.

En los documentos puede constatarse que el gobierno británico le encarga al denominado Grupo Especial de Proyectos (GEP) la misión de «embaucar» a los soldados argentinos desplegados en las Malvinas en abril de 1982, cuando apenas había estallado la guerra.

Uno de los documentos define tres metas específicas para el GEP:

La primera es «reforzar la percepción argentina de la determinación del gobierno británico [de recuperar las islas] y el poderío de la Fuerza de Tareas [la flota enviada al archipiélago]… mostrando las capacidades del arsenal de Reino Unido».

La segunda es «intensificar la percepción entre los argentinos de que sus líderes son irresponsables», al enfatizar «la escasez de suministros militares» en las islas.

La tercera, y más ambiciosa, es «la desmoralización de la guarnición argentina en las islas», apelando a sus emociones.

Esto implica «explotar cualquier sentido de aislamiento en las tropas de ocupación [argentinas]… para que la defensa de las Falklands contra la Fuerza de Tareas parezca menos significante», se explica en los documentos.

Y cuando en los archivos desclasificados se habla de aislamiento, no sólo se hace referencia a la desolación en la dura geografía de las islas, sino también al desamparo psicológico: los esfuerzos de desmoralización también buscan sacar provecho de la lejanía de los conscriptos de sus familiares y amigos.

Para llevar su guerra psicológica al archipiélago, el Grupo Especial de Proyectos escoge dos «armas», según los documentos secretos: la producción de una serie de panfletos y la instalación de una radioemisora en español, la conocida Radio Atlántico del Sur (RAdS).

Los folletos creados en diferentes momentos del conflicto -se imprimieron unos 12.000 ejemplares de cada uno- son, tal vez, el capítulo de la guerra psicológica más fascinante que describen los documentos confidenciales.

Uno de panfletos se inspira en la rápida derrota de la guarnición argentina en las islas Georgias del Sur, también ocupadas por el país sudamericano. Allí, el capitán de fragata Alfredo Astiz capituló el 24 de abril de 1982 ante la superioridad de las fuerzas británicas.

El volante, que incluye una foto de la rendición de Astiz, explota en particular el sentimiento de separación.

«Tus valerosos compañeros de armas ubicados hace poco en las islas Georgia del Sur han vuelto a su tierra patria. Fotografías de ellos recibiendo la bienvenida con honores militares y reunidos con sus seres queridos han aparecido en todos los periódicos», dice.

Y prosigue: «[Ellos] tomaron una decisión correcta y honorable. Tú debes ahora hacer lo mismo. Piensa en el peligro que te encuentras. Tus raciones y pertrechos de guerra están escasísimos […] Piensa en tus seres queridos y en tu hogar que esperan tu dichoso retorno».

Otro panfleto describe una situación aún más dramática: «Prontamente caerán sobre Uds. todos los rigores de un invierno cruel y despiadado y la armada argentina no está en condiciones de suministrarles los víveres o refuerzos que Uds. tanto necesitan».

Y completa: «Sus familiares viven con el tremendo terror que nunca los volverán a ver».

Entre los folletos impresos durante el conflicto, uno les ofrece a los conscriptos argentinos una solución práctica para escapar de su «desesperada situación»: un salvoconducto firmado nada menos que por el comandante en jefe de los fuerzas británicas, el contraalmirante John «Sandy» Woodward.

El documento, claramente destinado a fomentar la deserción, certifica: «El soldado que porta este pase ha señalado su deseo de no seguir peleando. Se le tratará estrictamente de acuerdo a lo estipulado por la Convención de Ginebra y deberá ser evacuado del área de operaciones lo más pronto posible».

Y añade para reconfortar al eventual portador: «Se le suministrará alimentos y tratamiento médico de ser necesario y después será internado en un lugar de albergue donde esperará su repatriación».

El texto incluso da instrucciones precisas sobre cómo usar el salvoconducto. Le recomienda al beneficiario: «a) deponer su arma. b) mantener este pase en posición bien visible. c) avanzar hacia el integrante de las fuerzas británicas más próximas».

Redacción Somos Citrica

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